SECRETOS Y MENTIRAS

Zapatero insiste en mantener en su cargo a la ministra de Fomento a pesar de que cuando era alto cargo de Hacienda eludió denunciar a la Fiscalía la trama de inspectores corruptos de la delegación de Barcelona

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene mucha más suerte de la que merece. Ayer, en su visita relámpago a al barrio de Bellvitge, en L'Hospitalet, recibió un baño de multitudes. A pesar de que las obras han producido grietas en 15 edificios de la zona y de que las obras del AVE se han tenido que paralizar, la población del barrio recibió al presidente del Gobierno como a su líder político, el hombre al que entregarán su voto el próximo mes de marzo. Y eso que la visita junto al presidente de la Generalitat, José Montilla, producía una inevitable sensación de déjà vu. El referente, aquel domingo de marzo de 2005 en el que Zapatero se presentó también por sorpresa en Barcelona para visitar la zona cero del desastroso hundimiento del túnel del Carmel. En aquella ocasión, la responsabilidad parecía ser del Govern de la Generalitat y, concretamente del conseller de Política Territorial i Obres Públiques, Joaquim Nadal, aunque las investigaciones posteriores también salpicarían a su antecesor en el cargo durante el último Gobierno de Convergència i Unió, Felip Puig.

Sin embargo, en este caso, la responsabilidad política no podía estar más clara: la cabeza que Zapatero debe cortar no es otra que la de la ministra de Fomento, Magdalena Alvarez, responsable no sólo del desaguisado de las obras del AVE, sino de los constantes incidentes en la red de Cercanías de Renfe, que han acabado por dejar a los ciudadanos de Barcelona y de su conurbación con el servicio suspendidio y sin más posibilidad que la de hacer uso de los desastrosos sistemas alternativos concebidos por los colaboradores más desquiciados de la ministra.

Magdalena Alvarez es hoy, sin duda, la mujer más odiada en Cataluña.Por eso Zapatero no se hizo ayer acompañar por ella, porque el presidente también tiene su corazoncito y le gusta que le quieran.De haber acudido a L'Hospitalet acompañado de la ministra, las adhesiones se habrían convertido seguro en abucheos. A no ser que hubiera acudido sólo con la cabeza de la ministra, o él mismo descabezado, con su testa bajo el brazo, como el jinete sin cabeza del relato de Washington Irving.

El gran misterio es por qué Zapatero insiste en mantener a Alvarez en su puesto. Su sacrificio sería bien acogido en toda España.¿O no? Quizá se trate de que en la recta final de la legislatura, el presidente no se atreviera a tener que recomponer los equilibrios territoriales y temiera enojar al presidente del PSOE y máximo responsable del PSOE andaluz, Manuel Chaves.

Porque a Maleni ya la conocían perfectamente en el PSOE, especialmente los que en los últimos gobiernos de Felipe González formaron parte del Ejecutivo socialista. La ministra andaluza llegó a ocuparse de la dirección general responsable de la inspección de Hacienda. Y lo hizo precisamente cuando la delegación de la Inspección en Barcelona era una cueva de ladrones capitaneada por el entonces inspector jefe regional, Josep Maria Huguet.

Lo más grave es que Maleni sabía perfectamente lo que estaba pasando en Barcelona. Pero se limitó a pactar con Huguet en 1994 una «salida digna» de la Agencia Tributaria para evitar el escándalo de la red de extorsión de los inspectores de Barcelona. Magdalena Alvarez, en aquellas fechas directora de Inspección Financiera y Tributaria, tras recibir numerosas denuncias de los compañeros de Huguet y empresarios catalanes sobre las irregularidades del inspector jefe de Cataluña, encargó una auditoría de servicio sobre su gestión.

La fiscalización de las actividades irregulares de Huguet fue dirigida por el inspector Jorge Buireu Guarro, que pertenecía a la Inspección de Servicio del Ministerio. Sin embargo, Hacienda no guarda ningún expediente sobre su auditoría. Huguet, cuando abandonó su cargo en septiembre de 1994, explicó a sus compañeros que lo hacía por voluntad propia y ocultó que «había sido invitado por sus superiores a abandonar la Inspección». La propia Agencia Tributaria también silenció las causas de la salida de Huguet y con esa postura permitió, indirectamente, que los delitos fiscales del ex inspector jefe prescribieran transcurridos cinco años.Alvarez, que más tarde ocuparía la consejería de Hacienda de la Junta de Andalucía, encargó la investigación sobre Huguet tras recibir varias denuncias de sus subordinados sobre las irregularidades en las inspecciones a empresas de Javier de la Rosa. Uno de los inspectores, Juan Vega, desveló que Huguet le había bloqueado los expedientes a la Sociedad de Estudios y Financiación y a Praven. Otro llamó la atención de que estaba dando un trato de favor a una sociedad de Antonio Mestre.

Fuentes de la Inspección de Hacienda manifestaron en 1999 a EL MUNDO que «los superiores de Huguet ya habían sido informados en aquella época de la existencia de las cuentas bancarias en Suiza con ingresos transferidos desde cuenta de De la Rosa».Finalmente, el Ministerio de Hacienda, cuyo titular era Pedro Solbes, silenció las protestas y no profundizó en los oscuros negocios de Huguet, que un año antes había comprado un apartamento en Boí-Taull el mismo día y a la misma hora que José Borrell.El dirigente socialista entonces ocupaba la cartera de Obras Públicas, pero había sido secretario de Estado de Hacienda entre 1984 y 1991.

Huguet cayó en desgracia tras quedarse sin respaldo a raíz de una serie de cambios en la cúpula del Ministerio de Hacienda.En 1993, Solbes nombró secretario de Estado a Enrique Martínez Robles y director de la Agencia Tributaria a Abelardo Delgado.

Pero fue otro miembro de este nuevo equipo, Magdalena Alvarez, entonces directora del Departamento de Inspección Financiera y Tributaria, la que tomó la decisión de decapitar a Huguet.

Tras la investigación, Alvarez pudo reprochar a su inspector jefe de Cataluña sus mentiras sobre el negocio del restaurante Talaia de Barcelona que, según él, había montado de forma testimonial «con unos paisanos de Lleida». La directora de Inspección chequeó la coartada de Huguet y se encontró con que en la constitución de la sociedad no figuraba ningún ciudadano ilerdense y sí la familia de Huguet con una participación importante.

Alvarez no tuvo la oportunidad de ver cómo Huguet abandonaba su despacho, ya que ella se marchó antes de Hacienda, tras ser nombrada el 3 de agosto por Manuel Chaves consejera de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía. Huguet no comunicó su salida hasta septiembre de 1994.

Huguet, que ocupaba un puesto clave en el organigrama de la Delegación de Hacienda de Barcelona, de la que dependían 160 inspectores y 350 subinspectores, se mantenía desde 1985 en su cargo con el apoyo del circuito de su amigo Borrell.

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