IDEAS Y DEBATES

Venezuela ha presentado esta semana en Washington el Banco del Sur, "una entidad que pretende desplazar a los organismos financieros internacionales y saciar las necesidades de créditos baratos de los gobiernos de América del Sur".

El Banco del Sur, siguiendo el pensamiento fundador de los presidentes de Argentina y Venezuela, tiene como objetivo central ganar autonomía de decisión frente a las políticas económicas del FMI y BM dando prioridad a proyectos que ayuden en la integración geopolítica del Sur, disminuir el depósito del ahorro interno de la región suramericana en los bancos del Norte y dar un paso previo a la formación de una moneda común del Sur frente a las crisis del dólar.

Integran el Banco del Sur: Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Argentina.

Los datos globales de la región revelan la posibilidad, como han reconocido expertos del BID, de que el Banco del Sur será perfectamente viable a corto plazo. No se conocen reacciones del Fondo ni del Banco Mundial pero se sabe que están muy lejanas del entusiasmo. En algunos sectores de halcones se teme que el Banco del Sur facilite una cierta hegemonía a Chávez apoyado en sus fabulosas reservas de petróleo.

Y mientras en el continente americano empieza a brillar la estrella del Banco del Sur, se apagó el día 22 de este mes la de Rodrigo Rato como director gerente del FMI, el de ejecutoria más breve desde su fundación, en el lejanísimo mes de agosto de 1944. Se trata de un personaje del que hablamos hace unas semanas en Dinero para explicar cómo y por qué Zapatero reunido con Chirac le apoyó calurosamente su candidatura. Sus partidarios (conocidos como los ratistas) van repitiendo por Madrid la frase de Sainte-Beuve de que "hay que dejar las cosas antes de que las cosas le dejen a uno".

BIBLIOGRAFÍA

Supongo que nadie creerá que me he ocupado de los haceres y quehaceres del señor Rodrigo Rato de manera tangencial; nada de eso. He buscado y consultado toda la bibliografía al alcance de un economista jubilado y no siempre ha sido fácil apoyar lo que se dice en lo que se observa de cerca; desde el punto de vista personal, he tenido escasos contactos con Rodrigo Rato; pero en mi condición de historiador antiguo que lleva sus herramientas de búsqueda más allá de Google e internet sigo creyendo que las fuentes de mayor relieve y potencia están en los libros.

Por ello recomiendo a los interesados en la saga Rato que abracen con entusiasmo el libro de Ramón Tijeras, Los Rato 1795-2002: allí encontrarán alivio a sus afanes cognoscitivos porque a la larga, en una economía como la española, es bueno bucear por lo menos un par de siglos; en el libro citado se halla una relación exhaustiva de Rodrigo Rato centrada en los 8 años (1996-2004) en que estuvo en el Gobierno con Aznar López.

Pero en muchos de sus párrafos se adivina la continua intervención de Rodrigo Rato en las designaciones de los grandes puestos de la economía española: el del gobierno del Banco de España en Jaime Caruana es uno de los más destacados; y lo mismo diríamos del frustrado nombramiento de Pilar Valiente enmarañada en el asunto Gescartera. De nuevo repito mi tesis de que a Rodrigo Rato, más que por lo que hizo, debe juzgársele por lo que los canonistas medievales llamaban culpa in eligendo.

Fabián Estapé. Economista.