La ley de Murphy se cumple inexorablemente en Barcelona. Digo más: es la única ley que se cumple en todos los lugares donde la gestión política y administrativa tiene algún papel. La otra, la ley de la gravedad, ha entrado en el terreno de lo dudoso. Como explicaba un sargento en la mili, los proyectiles se lanzan y caen por la ley de la gravedad. «Y si no fuera por esa ley, caerían por su propio peso», añadía el didáctico militar. Pues esto está dejando de ser verdad en la política. Si la ley de la gravedad siguiera en vigor, habría caído ya la señora ministra de Fomento, Magdalena Álvarez.
En cambio, la ley de Murphy se cumple de forma concienzuda y, tal como prevé en su artículo único, todo lo que puede empeorar, empeora. Pensábamos que ya no podía ocurrir nada peor en Barcelona y la llegada de su AVE María Purísima, que dice García Barbeito. Creíamos que con el espectáculo de atascos, cabreo ciudadano, rotura de la hoja de ruta de Zapatero y falta de liderazgo de la crisis ya no quedaba nada que empeorar. ¡Ingenuos! Siempre se puede producir el hundimiento de un andén en una estación. Siempre se puede suspender la construcción de un túnel, cuando el presidente reza para que le dejen cortar la cinta el 21 de diciembre. Siempre se puede paralizar la obra. Y siempre puede aparecer una señora que denuncia grietas en casa. Tal como se van produciendo los acontecimientos, no sería nada extraño que el AVE catalán terminara por derruir el templo de la Sagrada Familia. No es que Murphy sea Nostradamus, pero es lo que falta por empeorar.
Como esto es cuestión de ingenieros y constructores, no tengo nada que decir. Sólo asisto al espectáculo como quien ve una película de suspense. ¿Qué será lo que se hunde mañana? ¿Qué nos dirá el miércoles el presidente Zapatero, que escoge para explicarse el día de la sentencia del 11-M? ¿Cambiará a la ministra de Fomento? Yo mantengo que no, por una mísera razón: porque, si prescinde de Magdalena, se queda él sin parachoques. Si se marcha o la hacen marchar, empezaríamos a pedir la dimisión de Zapatero.
Ahora es cuando el socialismo y la Moncloa necesitan más a la señora Álvarez. Y ahora es cuando ella puede prestar el mejor servicio? quedándose. Si no se puede culpar a Villar Mir y su empresa, alguien tiene que ser el chivo expiatorio. Alguien tiene que servir de yunque donde los periodistas podamos golpear. Llega un momento en el que es preciso que un ministro lo haga cada día peor y se explique peor todavía, para que las críticas se fijen en él, y no en el responsable máximo. Y además, no le vamos a quitar a la señora titular de Fomento un mérito histórico: el de haber demostrado que no siempre se cumple la ley de la gravedad.

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