Kabila se reúne hoy con Bush y podría preparar una gran ofensiva militar

El nordeste de la República Democrática de Congo vive un recrudecimiento de la violencia en contra de la población civil, con un aumento alarmante de las agresiones sexuales y violaciones de los derechos humanos (malos tratos, esclavismo laboral, desplazamiento de poblaciones). Las mujeres y los niños son de nuevo las víctimas principales de esta violencia crónica, soterrada en los últimos años, que tuvo su origen en las guerras que empezaron en 1996, cuando el presidente del entonces Zaire (hoy República Democrática de Congo) fue expulsado del poder por las tropas de Kabila, apoyadas por los ruandeses y los ugandeses, en el marco del conflicto anglo-francófono que, en la zona de los Grandes Lagos, siguió al genocidio ruandés y acabó implicando en suelo congoleño a los países limítrofes en lo que se conoce como la tercera guerra mundial africana.

Sólo hasta el año 2003, cuando llegaron las tropas de pacificación internacional, ya habían muerto en esta guerra cerca de tres millones de personas. En Ituri y el Kivu Norte, aquel año fue de una violencia extrema y los que visitamos la región pudimos presenciar como la población pigmea se añadía a las víctimas de la lucha por el control del territorio y el acceso a las riquezas naturales como son la madera o el coltán, un preciado material que se utiliza para la fabricación de los teléfonos móviles.

Los pigmeos, que habían vivido hasta entonces resguardados en las frondosas selvas de Ituri, fueron obligados por las tropas de Bemba (ex contrincante de Kabila a las elecciones del año pasado) a abandonar su hábitat. Los métodos empleados por aquellos guerreros conocidos como los effacés (los que borran y destruyen todo lo que encuentran a su paso) causaron un gran trauma entre la población pigmea. "En una aldea - explicó el jefe pigmeo Besei, a quien encontré huyendo con los suyos en la carretera de Mambasa- cogieron a un niño, lo abrieron como a un antílope, lo cocieron a fuego y se lo comieron".

También el resto de la población sufrió durante estos terribles años las consecuencias de unos combates que tenían el terror y las violaciones masivas como principal arma de guerra. Así, los relatos de las mujeres y de las niñas que uno encontraba aquellos días en los campos de desplazados evocaban no sólo una espiral de vejaciones y abusos sexuales sin límite, sino también la esclavización de los civiles, el secuestro de los niños para convertirlos en soldados y el de las niñas y las mujeres para utilizarlas como esclavas sexuales de la tropa y el transporte de armas y de los bienes que saqueaban las milicias a su paso por las aldeas.

Estas historias de violencia sexual fueron las que Wim Wenders recogió para uno de los relatos de la película Invisibles,realizada por Médicos sin Fronteras (MSF) con producción de Javier Bardem, y es ahora de nuevo MSF quien denuncia cómo en sus centros de salud, especialmente en el hospital de Bunia, "aumentan de un modo alarmante los pacientes que sufren violencia sexual". Los civiles continúan pues siendo el objetivo de un conflicto que no han sabido resolver las elecciones del 2006 ni la presencia militar de la ONU. El presidente Kabila ha visitado la región antes de viajar a Estados Unidos, donde hoy se reunirá con el presidente Bush, quien podría bendecir una gran ofensiva militar en la región rebelde.