Cada año en España, debido a traumatismos craneoencefálicos se registran unos 2.700 nuevos casos de discapacidad grave -principalmente jóvenes de entre 15 y 24 años, la mayoría víctimas de accidentes de tráfico- a los que hay que sumar los episodios de origen vascular y de otras etiologías. La OMS ha pronosticado que, para el 2020 en los países desarrollados, el daño cerebral ocupará el segundo lugar en importancia de los problemas sanitarios. Es pues oportuno destinar un día para reflexionar sobre un problema del que nadie puede sentirse ajeno.

El tejido nervioso del cerebro no es capaz de regenerar sus células como hacen los otros tejidos para reparar sus lesiones. Sin embargo, sí es capaz de modificar su estructura a partir de la experiencia o el entrenamiento, generando nuevos circuitos y una nueva capacidad funcional, es la denominada plasticidad cerebral. La neurorrehabilitación optimiza este potencial terapéutico y seguirá siendo decisiva, más aún con el desarrollo de las terapias regenerativas.

Una lesión cerebral grave conlleva la aparición de secuelas físicas, cognitivas, conductuales y emocionales. Se trata de un paciente complejo que requiere un tratamiento neurorrehabilitador especializado, cuyo fin es conseguir su mayor autonomía funcional, restablecer su autoestima y lograr una reinserción social satisfactoria. Para ello se precisa de un equipo terapéutico interdisciplinar que trabaje coordinadamente para alcanzar el mejor resultado. De la rapidez en el inicio del tratamiento dependerá en buena medida el pronóstico final. Otro factor clave para alcanzar el mejor resultado es la experiencia del equipo terapéutico. De ahí la importancia de tratar estos pacientes en centros especializados que, mediante la concentración de un número suficiente de casos, posibilitan la mayor experiencia de sus profesionales, lo que se traduce en más seguridad y calidad asistencial; a la vez que pueden actuar como dinamizadores del desarrollo científico de esta disciplina clínica.

Tras el proceso rehabilitador, estos pacientes han de afrontar su vuelta a casa. Muchos se sienten desbordados por una realidad que no se adapta a sus nuevas necesidades y hace recaer el mayor peso de su atención en sus familias. Es por ello urgente desarrollar los apoyos sociales necesarios que proporcionen a este colectivo la oportunidad de afrontar esa nueva vida con calidad y esperanza.

Finalmente, cabe recordar que la prevención -reducir los accidentes y promover hábitos de vida saludable- es la mejor estrategia posible frente al daño cerebral.

JOSEP M. RAMÍREZ, director del Institut Guttmann.

www.guttmann.cat