El presidente George W. Bush tiene el récord político de ser el primer mandatario norteamericano en ejercicio al que, en los últimos 47 años, le difunden en el diario oficialista Granma y la televisión local su discurso sobre Cuba, pronunciado anteayer en Washington.

Ha sido una jugada política bien calculada por las autoridades cubanas. La intervención de Bush sobre el futuro y el presente de Cuba, en el contexto del vigente nacionalismo isleño, se ha reciclado en un mensaje de activismo a favor de cerrar filas para preservar la revolución.

También ha sido novedad la rapidez con la que se ha contraatacado a Bush a través de una rueda de prensa ofrecida por el ministro de Exteriores, Felipe Pérez Roque. Convocaron el encuentro tan sólo tres horas después de la intervención del presidente norteamericano.

Pérez Roque dijo que la respuesta de Cuba es la de «serenidad absoluta» ante el plan de la «reconquista de Cuba por la fuerza» que Bush ha delineado ante la opinión pública. El canciller cubano expresó que Bush hizo explícita su postura de «incitación a la violencia» para derrocar el sistema cubano cuando dijo que, «la palabra de orden en nuestros tratos futuros con Cuba no es estabilidad, la palabra de orden es libertad».

Pérez Roque definió las palabras del presidente norteamericano como «un acto irresponsable, que da una idea del nivel de frustración, de desesperación y de odio personal del presidente Bush contra Cuba».

Pero lo que mató de risa ayer a muchos cubanos fue leer en la intervención de Bush su errática descripción sobre la realidad cubana al decir que en Cuba es ilegal reunirse más de tres personas sin autorización, cambiar de trabajo y mudarse.

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