EL RUNRÚN

La mutabilidad de las parejas crece. En esta vida nada es inmutable, claro, pero el zapping sentimental aumenta de un modo directamente proporcional al televisivo. Hace un par de semanas las agencias distribuyeron una noticia que parece surgida de la imaginación de un narrador. El punto de partida es de una vulgaridad extrema: una pareja balcánica se separa al descubrir que ambos mantienen sendas relaciones paralelas. El interés por la historia crece moderadamente cuando descubrimos que las pulsiones adúlteras de ambos cónyuges no han conllevado, hasta la fecha, ningún tipo de contacto físico. El marido ha conocido por internet a una desconocida que, aparentemente, satisface sus deseos más íntimos. La esposa, por su parte, chatea con pasión con un desconocido. Noche tras noche, bajo el mismo techo, cada consorte se conecta a su ordenador y engaña a su pareja tecleando fogosas palabras de amor. Luego, ambos lo apagan, se miran con desidia y se van a la cama juntos pensando en el glorioso día en que podrán besar a su amante desconocido. Cada uno por su lado está convencido de haber hallado a su media naranja. A pesar de la ausencia de contacto físico, los caminos de ambos cónyuges adúlteros son paralelos. Sus relaciones digitales con el tercero y la tercera en discordia los tienen subyugados. Llegado a este punto, el lector perspicaz podría aventurar que tal vez los dos amores platónicos que la pareja cree haber hallado en la red mienten como bellacos. Tal vez bajo los nicknames se esconden dos ancianas serbias que se aburren en su asilo y aprovechan el cursillo de internet para mofarse de la pobre pareja. O una sola anciana que se desdobla en el chat, con las dos ventanas abiertas a la vez en la misma pantalla, para hurgar en los sórdidos reproches que cada cónyuge dedica a su consorte.

Pues no. Los dos amantes virtuales existen de veras. El alias masculino esconde a un hombre, el femenino a una mujer, ambos están casados y son de la misma quinta que la pareja balcánica. Y no sólo eso. Coinciden con ellos en filias y fobias, se confiesan igualmente asqueados de sus actuales parejas y, naturalmente, sueñan con romper esa relación para poder vivir con sus respectivos amantes platónicos, pero no se atreven. Nada nuevo bajo el sol, pues, por más retórica tecnológica que le pongamos. De hecho, cada vez hay más parejas que se han conocido por internet y cada vez más adúlteros se valen del chateo para ejercer como tales. El interés de esta historia se limita al desenlace, aunque ¡vaya desenlace! Tras meses de chateo apasionado con dos nicknames,cuando el yugo conyugal ya empieza a hacérsele insoportable, la mujer descubre que su marido también la engaña. Cuando se lo reprocha, ni él se imagina que podría replicarle, con toda propiedad, aquello tan manido de "esto no es lo que parece". Porque no lo es. Resulta que la internauta desconocida de la que el marido se ha colgado es su misma esposa. Y viceversa, claro. Es decir, que no hay ni tercero ni cuarto en discordia. Sólo ellos dos, bailando entre el engaño y el desengaño, ilusionados e ilusos. La euforia y el asco miden sus fuerzas. Ahora saben que han nacido el uno para el otro pero también que no se soportan. Conocen a la perfección qué les atrae brutalmente hacia el otro, pero también saben qué les repele de su pareja. Lo han descubierto sin sutilezas. Viven con su gran amor y duermen con el enemigo. Su única salida es la soledad. Se separan sabiendo que nadie les espera tras la pantalla.

En esta pareja balcánica he pensado cuando esta mañana un viejo amigo me ha comunicado que planea separarse por internet, a través del portal separarse. net que un bufete de Pamplona ha abierto en la red para tramitar separaciones y divorcios a mitad de precio.

MariusSerra@verbalia.com