Octubre 25, 2007 – 6:58 am

El juego que se traen entre el Gobierno de Vicente Álvarez Areces y los agentes “ejecutivos” de la Federación Socialista Asturiana, se está convirtiendo en un espectáculo de un sadismo ilimitado, pues si hasta ahora tenía una relativa admiración por la capacidad destructiva del equipo formado por Fernando Lastra y Jesús Gutiérrez, en estos momentos tengo que reconocer que están llegando a los límites de lo sublime, de lo cinematográfico, de lo bello.

Pertenezco a una generación que descubrió que la violencia podía alcanzar notables cotas de belleza como un espectáculo sorprendente cuando Stanley Kubrick adaptó en 1971 la novela A Clockwork Orange, de Anthony Burgess, publicada en 1969. La terrible escena protagonizada por los Alex boys -Malcom McDowell- maltratando a golpes a un mendigo, con bates contundentes, en un siniestro y claroscuro pasadizo, tenía la fuerza de la anticipación. Años después veríamos en YouTube a los jóvenes españoles de nuestros tiempos quemando pordioseros en las cabinas de los cajeros automáticos. Ahora vemos tmbién a Lastra y a Gutiérrez divirtiéndose todos los días con la “ultraviolencia”.

Vuelvo a sentir una emoción similarLos Javier boys a la caza de mendigos con los nuevos Alex boys, con los Javier boys, Lastra y Gutiérrez, los sicarios políticos del hombre que se ha quedado con el control de la FSA, recorriendo el pasadizo que comunica la Presidencia del Principado con el edificio de la Junta General en busca de vícitimas propiciatorias para sus instintos destructivos. Allí se encuentran a diario a Jesús Iglesias y a Francisco Javier García Valledor, vestidos con los harapos de sus sueños rotos, con la escudilla y las botellas vacías en el suelo, que le piden limosna a Vicente Álvarez Areces. Ellos imploran que Tini les meta en el gobierno por caridad, y Javier Fernández les envía a sus Javier boys para destrozarles la cabeza a golpes, a ritmo de vals de Johan Strauss o de obertura de Gioachino Rossini.

Llevamos así meses, desde que tras las elecciones Javier Fernández hizo la brillante jugada de utilizar la codicia desbordada de la tropa mendicante que encabeza Jesús Iglesias, en una negociación en la que buscaron que los torpes negociadores de IU se retratasen ante la sociedad asturiana, que demostrasen que sus patéticas prédicas sobre el embalse de Caleo, la incineradora de Serín y el urbanismo de la costa asturiana, no son más que viles pretextos para subir su cotización en el mercado, oponiéndose a negocios de alto rendimiento para subir su caché de contorsionistas indisimulados, y cambiar después sus acciones por plazas de rancho para el equipo, sueldos para todos, tarjetas para que Valledor y el de los pendientes viajen por el ancho mundo, subvenciones para sus oenegés, pasta para sus paginasgüeb, y suelo para las empresas que manejan con los José Antonio Hevia Braña y los Manuel González -los progeos- que, desde la sedicente izquierda, contribuyen a poner su granito de arena en la catástrofe inmobiliaria asturiana y española.

Ellos quieren calentar el mercado pero no les dejan. Hay costumbres que no se pueden abandonar. Se sube muy fácilmente pero se baja fatal. Cuando Jesús Iglesias y Valledor recibieron de Areces, a través de Hevia Braña -el coordinador de economía de IU Gijón-, la dádiva del suelo recalificado y urbanizado con dinero público en los astilleros, para construir los edificios-barco y de paso destruir el sector naval y sus puestos de trabajo, Iglesias, Valledor y Areces se acostumbraron al juego de la negociación más descaranada que se traían en la Villa de Jovellanos, porque a él jugaron durante años, y creyeron que eso se podía exportar al gobierno de Asturias, como una solución para mantener eternamente un banquete de mendigos digno de la Viridiana de Luis Buñuel, en el que Areces es Viridiana, Javier Fernández tenía que interpretar al joven Paco Rabal, y la nómina de IU, a la procesión de patéticos desharrapados que habían de encontrar en la Junta General del Principado un refugio del Ejército de Salvación, con sopa boba sin límite, a cuenta de su apoyo a la conversión de Asturias en este loco rincón del planeta, en el que la hipocresía ilimitada del espectáculo que da el showman Al Gore, se enmarca en un paisaje apocalíptico de regasificadoras, ciclos combinados, gasoductos y gracianotorres de alta tensión.

Pero Javier Fernández no nos defrauda. Lo quiere todo para él sólo y tiene a Lastra y a Gutiérrez listos para la faena, dispuestos, eficaces, implacables, violentos sin límite, ultraviolentos, y cada vez que destrozan las cabezas, los brazos y las piernas de los implorantes progeos sentados en el suelo,Iglesias y Valledor piden a la puerta de la Junta General con las caras tiznadas y las uñas sucias por falta de cepillo, llega Ana Rosa Migoya y les vacía las botellas en la cabeza entre la mugre, las sobras y las colillas con las que han construido su hábitat neolítico de primitivos actuales de la política del deshaucio, el arrastramiento y la humillación. Y todo, con mucho, mucho, recochineo. Porque encima, con habilidad salvaje, les echan la culpa a ellos.

Y Areces desesperado y sin presupuesto. Severino García Vigón, Antonio Pino y Justo Rodríguez-Braga son las armas secretas de Tini. Sus dineros para formar desempleados en la negociación del tercio político, con los tercios empresarial y sindical de la democracia orgánica asturiana están en el aire. No hay problema. Graciano Torre dice que aunque la dinámica de una prórroga presupuestaria impida entregar este año los dineros del socorro rojo a los ‘agentes sociales’ habrá soluciones. Se pueden habilitar créditos dijo Torre, y además para eso están las empresas que dependen del prespuesto. Para eso está Sedes que financió el “Construyendo Asturias”, para eso está el Gitpa que paga las torres de la RTPA y la fibra óptica de 100 megas de Adamo y del proyecto Asturcón, el Serpa de Francisco Villaverde, el Gispasa de Rabanal, el Ctic de Roberto Paraja y Luis Iturrioz. ¡Será por perres! ¡Cagunmimantu! dirá José Ángel Villa, desde su apartada orilla de Sama de Langreo, con una mezcla de envidia y admiración, “esti Javier ye un fenómeno”, “ta estrozándolos”. Y encima utiliza sus clones, Lastra, Gutiérrez y Migoya agotando toneladas de cargadores y llenando el suelo de casquillos que huelen a pólvora recalificada de Santa Bárbara.

¿Hasta dónde nos llevará esta oculta lucha por el poder del equipo de la calle Santa Teresa contra el de Suárez de la Riva? ¿Destrozará Javier a Tini antes de que termine la legislatura? ¿Obligarán Severino, Antonio y Justo a Javier, Jesús, Fernando y Ana Rosa a dejar que los mendigos de IU entren en el gobierno? ¿Tendrá por el contrario Ovidio Sánchez que aprobar el prespuesto? ¿Saltaremos todos por los aires? Son incógnitas dignas del final del mejor de los TBO, pero también vale para ilustrar un buen tratado de termodinámica, porque la aceleración, calentamiento y enfriamiento de los materiales que protagonizan esta bonita ilustración del proceso de la entropía llevada a la política, no tiene, sin duda, precedente conocido.

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