TRIBUNA

El Ministerio de Vivienda está estudiando suprimir la publicación del actual índice de precios de la vivienda basado en los precios de tasación. La justificación aducida es la inadecuación de dicho índice a los dictados de Eurostat, que considera imprescindible utilizar precios de transacción, y no de tasación, como base del índice. Somos bastantes los que hace mucho tiempo venimos diciendo que utilizar los precios de tasación era una mala idea. Las tasaciones son indicadores sesgados del precio efectivo de transacción pues dependen de las necesidades financieras del comprador, de la flexibilidad de la empresa tasadora y de su relación con la entidad financiadora. Además, el nivel de precios influye directamente sobre el sesgo de los precios de tasación, lo que amplifica su evolución. Pero hace dos años ya lo sabíamos y, sin embargo, el ministerio hizo un cambio metodológico que mantenía como base el uso de los precios de tasación.

El nuevo índice, cuya metodología ha preparado el INE, tendrá como base los precios escriturados proporcionados por los notarios. A nadie se le escapa que esta aproximación no será ninguna panacea. El nivel de los precios escriturados no refleja fielmente el precio real de compraventa por la existencia generalizada de pagos en dinero negro. El problema de los pagos opacos al fisco no sería importante si su proporción fuera constante en el tiempo, pues las tasas de variación de los precios registrales serían correctas. Sin embargo, la parte en negro depende de la plusvalía que se vaya a obtener (por tanto, del precio) y de la presión que la inspección fiscal ejerce sobre el sector. Otro problema importante con estos datos es que son un indicador muy retrasado: si una persona compra una vivienda sobre plano, cuando se haga la escritura el precio que reflejará será el convenido 18 o 24 meses antes.

A pesar de todo, es una buena noticia que el INE acabe con el monopolio estadístico del Ministerio de Vivienda. Es conveniente restaurar una cierta credibilidad en las cifras del sector, politizadas con descaro por el ministerio. No obstante, persiste la incógnita sobre el momento en que se va a producir este cambio: en pleno periodo electoral. Algunos analistas han señalado que el Gobierno quiere reducir los precios con trucos estadísticos, acudiendo a los datos registrales.

Como el nivel de precios no se publicará, esta explicación es poco creíble. La realidad puede ser la contraria: ganar tiempo. Los precios de tasación deberían reflejar en poco tiempo el parón de la demanda, el exceso de oferta y, sobre todo, las restricciones crediticias actuales, en forma de bajadas de precios. No parece electoralmente muy conveniente decir a los votantes que sus viviendas están perdiendo valor (no olvidemos que la mayoría son propietarios). La tasa de variación de los precios registrales permitirá seguir viviendo en una fantasía de precios al alza, al menos durante algún tiempo.

José García Montalvo. Catedrático de Economía Aplicada UPF.