Jose Felix Azurmendi en su blog Vasco made in Caracas
No estoy de acuerdo en que el problema de Euskadi se explique como choque identitario, entendido como lo entiende todo el mundo: es decir, en que hay unos vascos originarios que se enfrentan a vascos sobrevenidos o “extranjeros” asentados aquí. En que se enfrentan vascos de apellidos vascos con vascos de apellidos castellanos o de otros orígenes. No estoy de acuerdo en que el problema sea el enfrentamiento identitario, si se entiende por tal que los vascos con pedigree quieren cosas que los vascos sin o con otro pedigree no quieren.
En Euskadi, el mestizaje étnico y cultural es afortunadamente tan evidente como en cualquier otro lugar de nuestro entorno. En Euskal Herria, los más españolistas han venido siendo casi siempre los que “objetivamente” son más vascos, si se entiende por tal lo que entiende la mayoría. Estoy pensando en muchos de los de UPN y en sus predecesores carlistas y franquistas, pero estoy pensando también en la burguesía vasca alineada históricamente con la Monarquía española y cuando hizo falta con el franquismo, no sólo en Neguri pero sí claramente en lo que se entiende por Neguri. Revisen los nombres de Los Caídos por Dios y por España y verán cuántos de sus apellidos son vascos con pedigree “ancestral”.
Pero es que en la Euskal Herria continental sucede, salvando distancias, tamaño e influencia en la metrópoli, tres cuartos de lo mismo. Los notables no fueron nunca los más vasquistas. Los notables, salvo excepciones que sólo lo certifican, eligieron servir al poder y emparentarse con los poderosos como banqueros, como “bacaladeros” o como corsarios. Las veleidades separatistas tienen poco que ver con la burguesía autóctona. Aquí no pasó lo que en América, que la burguesía criolla se independizó de la metropolitana para sustituirla.
Digámoslo con claridad, los emigrantes no son el problema. Los que se enfrentan al proyecto nacional vasco son los que están en situación y tienen capacidad de proponer si no imponer el proyecto nacional español o francés. Y éstos son muchas veces identitariamente vascos. También proliferan los intelectuales con proyecto nacional español, desde posiciones reales o pretendidas de izquierda, desde biografías y “cordialidades” que explican suficientemente sus posiciones, independientemente de sus orígenes identitarios.
En Euskadi hay adscripciones nacionales diferentes, distintas, que no deberían ser contradictorias pero que, de momento, lo son. Y en Euskadi hay una sociedad con señas de identidad propias, reconocibles, madurada en el tiempo y con aportaciones diversas. Y hay en Euskadi un claro proyecto de país, sostenido con adhesiones diferentes, combatido también con diferentes energías. En Euskadi hay gente a la que el euskera le importa una higa, por ejemplo, y no se debe deducir de ello que son españolistas, pero se le parece bastante. Y hay gente que entiende que los vascos tenemos derecho y hasta obligación de dar prioridad a una señas de identidad cultural que sólo los vascos pueden entender y atender.
¿Se refieren a esto los que dicen que en Euskadi hay “dualidad de sentimientos identitarios”? En todo caso, habría más de dos, y seguramente, uno, mayoritario a mi juicio, mestizamente vasco. Observo también otra línea divisoria no explicitada con claridad entre quienes quieren que ETA acabe y quienes quieren acabar con ETA, que no es lo mismo. No es lo mismo para hoy ni para el futuro. Y una división más, la que sostiene, con toda naturalidad y descaro ya, que en este país hay nacionalistas y no nacionalistas. Hay mucho de qué hablar en este curso que Ibarretxe inauguró.

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