No hay delfín claro entre los nueve miembros del comité permanente del PCCh
La nueva cúpula dirigente china compareció ayer en Pekín, al término del congreso del Partido Comunista. Cinco de los nueve miembros del máximo órgano de poder, el comité permanente del politburó, continúan en sus cargos: Hu Jintao, secretario general y presidente de China, Wen Jiabao, primer ministro, Wu Bangguo, Jia Qinglin y Li Changchun. Se confirma la entrada de Xi Jinping, ex jefe del partido en Shanghai, Li Keqiang, ex jefe de la provincia de Liaoning, He Guoqiang, responsable de disciplina interna y Zhou Yongkang, que ha sido hasta ahora ministro de Seguridad Pública.
Xi y Li son los únicos en la cincuentena, de la quinta generación de dirigentes, que se espera tome el relevo en el 2012. Aunque el favorito de Hu Jintao como sucesor era Li, lo cierto es que fue Xi quien le precedió ayer en el orden de presentación: fue el sexto y Li el séptimo, lo que siempre indica algo.
Li Keqiang es un claro armónico (partidario de los matices sociales, keynesianos y verdes promovidos por la doctrina de Hu Jintao) que ha demostrado capacidad de iniciativa, mientras que Xi es una figura más rutinaria y gris, además de miembro de la elite tradicional del partido de las provincias más prósperas de la costa, las más adeptas al modelo americano que cautivó a la China de los noventa.
Todo indica que el asunto de la sucesión no se ha decidido, pero también que si va a ser Hu quien lo determine, el actual compromiso entre tendencias, bautizado por un editorial del Diario del Pueblo como una "dirección colectiva unificada", podría promocionar a Li Keqiang, y no a Xi Jinping, como el verdadero líder de la quinta generación, es decir, como el futuro presidente de China en el 2012.
Otra posibilidad es que el mecanismo de sucesión se abra a procedimientos más democráticos, con el comité central eligiendo a los futuros dirigentes sobre una lista formada por varios miembros.
Cinco años es mucho tiempo, y en ese plazo pueden pasar muchas cosas. Especialmente si se confirma que el jefe del partido en la provincia de Jiangsu, Li Yuanchao, otro delfín de Hu Jintao que ha entrado en el politburó, va a quedar a cargo del departamento de organización, un puesto clave para manejar la política de cuadros.
Tanto Xi Jinping como Li Keqiang tienen doble formación académica (químico y jurista, el primero; jurista y economista, el segundo), pero a favor de Li Keqiang destaca, además, su experiencia de seis años como gobernador y jefe del partido en la provincia de Henan, la más poblada de China, pobre y agraria, lo que está muy en la línea de las preferencias de Hu Jintao. Tanto Hu como el primer ministro Wen han visitado varias veces Liaoning, la provincia que Li dirigía desde diciembre del 2004, donde han elogiado públicamente la labor de su favorito, que inició su carrera en las juventudes comunistas, bajo el manto de Hu Jintao.
Liaoning, paradigma de la primera industrialización socialista china, es una provincia muy diferente a Henan. En el 2002 fue escenario de la mayor ola de protestas sociales desde el movimiento de Tiananmen de 1989. Ésa fue la razón de que Liaoning se convirtiera, en los años siguientes, en polígono de pruebas para toda una serie de experiencias en materia de seguridad social y nuevo urbanismo, que tendrán la máxima actualidad para el conjunto de China en los próximos veinte años.
De Xi Jinping se sabe que cuando accedió este año a la jefatura del partido en Shanghai, lo primero que hizo fue enviar a todos sus parientes allí residentes fuera de la ciudad, para vacunarse contra tentaciones de nepotismo, como las que costaron el puesto, y la expulsión del partido, a su antecesor.
El desarrollo continuará siendo lo "esencial" en China, señala la nueva doctrina introducida en los estatutos del partido, pero "pondrá al pueblo en primer lugar y tendrá la totalidad, el equilibrio y la sostenibilidad como requerimientos básicos y consideración general en su metodología fundamental". Con esas novedades, Hu Jintao habrá de continuar gobernando China, un país de más de 1.300 millones de habitantes, muy complicado, que, sin dejar de ser el mayor país en desarrollo del mundo, es, al mismo tiempo, una potencia mundial que renace.

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