El grave fiasco ferroviario convierte Catalunya en la pesadilla de Zapatero, de Enric Juliana en La Vanguardia
LA CRÓNICA
La precampaña electoral
El presidente comparecerá en el Congreso tras fallarle el escudo del PNV
Todo se puede decir con una sonrisa, sostiene José Luis Rodríguez Zapatero, pero habrá que estar muy atentos a la pantalla para ver con qué expresión anuncia el Gobierno - quizás esta misma semana- que el AVE no llega a Barcelona el día 21 de diciembre. Anoche, la decisión aún no estaba tomada, pero el cambio de agujas parecía inminente
Y es que el grave fiasco de los trenes de cercanías de Barcelona se está convirtiendo - se ha convertido ya-, en una auténtica pesadilla para el Gobierno. Una pesadilla fuera de control. "No es un asunto menor. Basta ver las caras en la Moncloa cuando de Barcelona llegan noticias de nuevos retrasos y suspensiones de servicio", comentaba a finales de la pasada semana a este diario un fontanero de la presidencia.
La política es rara. El Ejecutivo socialista controla en estos momentos casi todo el cuadro, incluidos los posibles efectos políticos de un grave atentado de ETA. Todo parece bajo control, incluida la azarosa evolución de la economía, cuya desaceleración, hoy por hoy, parece ser suave. Lo único que la Moncloa no consigue controlar es el subsuelo de Barcelona y las inflamadas meninges de los catalanes.
En la calle Ferraz, sede central del PSOE y centro emisor de todas las campañas que acaban con zeta - con Z de Zapatero-, se seguía creyendo hasta la semana pasada que el 21 de diciembre era la fecha talismán: el momento en que el estado de ánimo de muchos catalanes comenzaría a atemperarse, Ésa era la esperanza y también la consigna: por Navidad todos tranquilos, y en enero, ¡a por la campaña electoral!
Los últimos avatares ferroviarios están trastocando lo que bien podría haberse bautizado como Operación Bálsamo. Los desprendimientos registrados el sábado y la consiguiente afectación del servicio en el corredor del Llobregat ponen seriamente en duda que la conexión de alta velocidad Madrid-Barcelona puede inaugurarse en vísperas de Navidad. Fuentes del Gobierno aseguraban ayer que la decisión se tomará en los próximos días a la vista de los últimos informes técnicos. Y todos los mensajes que la Moncloa está recibiendo, tanto del Govern de la Generalitat, como del propio PSC, aconsejan prudencia, mucha prudencia. Los socialistas catalanes saben lo que es ver un túnel hundido bajo sus pies. Vaya que si lo saben.
Mantener a capa y espada el corte de cinta del 21 podría generar un mensaje nefasto: la seguridad puesta en riesgo por el horizonte electoral. El aplazamiento, sin embargo, no sería indoloro. Por un lado está la palabra dada por Zapatero, y por otro... las muy significativas fotos de Málaga y Valladolid.
Recordemos la agenda prevista. El 22 de diciembre, el AVE llega a Málaga, desde Córdoba, y se consolida como potente sistema regional andaluz. Y el 23 alcanza Valladolid, vía Segovia, para mayor gloria del Gran Madrid y su fortísima capacidad expansiva. El acto del día 21 en la estación Sants estaba llamado a maquillar una realidad dura y de fondo: la conexión de Madrid con la principal área industrial de la Península - estamos hablando de los dos grandes motores económicos de España- ha sido durante estos últimos quince años muy, pero que muy relativa.
El Gobierno Zapatero lo sabe. Y el català emprenyat,también. El Gobierno socialista sabe que Aznar se la pegó en Catalunya. Y el català emprenyat,también. De este juego de mutuos conocimientos surge, a fecha de hoy, una pavorosa incógnita electoral.
¿Caerán cabezas? Algún ruido de cuchillos comienza a oírse en las cocinas de la Moncloa. Por de pronto, habrá comparecencias. El ministro Joan Clos, por indicación expresa de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, acudirá el miércoles al Senado. Atención al dato: el compareciente será Clos y no la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, que seguirá desde su escaño en el Congreso el debate presupuestario.
Y comparecerá el presidente del Gobierno, probablemente el 31 de octubre. La decisión se tomó ayer, al tenerse noticias de que el PNV podía sumarse - esta vez sí-, a una petición de CiU, eventualmente apoyada por los demás partidos. Con la turbulencia Ibarretxe, el PNV comienza a gestionar de otra manera su escudo protector. Hay pesadilla.
