23/10/2007 - 13:50 h

El pasado 12 de octubre, se publicaba en La Nueva España un revelador artículo, con el expresivo titular “El Musel, modificado va, pelotazo viene”, firmado por el ex senador por el Partido Popular y ex presidente local de este partido en Gijón, Isidro Martínez Oblanca.

Oblanca, que fue buen colaborador del a su vez ex ministro Francisco Álvarez-Cascos, salió corriendo de la escena política gijonesa y asturiana, cuando Cascos se dio de baja para apuntarse al PP de Madrid.

En su artículo, Oblanca anunciaba en las páginas de La Nueva España, con visionaria –más bien informada- oportunidad, lo que ahora se presenta como una sorprendente novedad, como “información”, cuando en realidad se trata de una cosa sabida y bien sabida, como lo demuestra el hecho de que Oblanca, hombre bien conectado aún con la red capilar de la rumorología política, tuviese la habilidad de anunciar, semanas antes de que se produjese la noticia, lo que todos conocían en el pútrido mundillo de la alimentación asistida mediente suero público.

Cuando el admirado Mandeville reflexionaba en el siglo XVIII sobre los oscuros caminos por los que el vicio privado hace la pública prosperidad, atribuyendo a la vocación de los ingleses por el lujo, el fomento de la riqueza y el empleo en el naciente capitalismo británico, aún no existía el fenómeno posmoderno de la economía subvencionada, que ha convertido esos vicios privados en la pública ruina. Así se derrumbó el comunismo, víctima de la afición al lujo de la nomenklatura soviética, y así se derrumba Asturias, víctima de la nomenklatura astur. Los burócratas soviéticos, como los asturianos, predicaban el “déjalo todo y sígueme” socialista, para llenar la faltriquera con lo que van dejando losObras ampliación del Musel incautos seguidores de las buenas nuevas del bienestar colectivo. Resta por saber quién será el Mijail Gorbachov que haga aquí la imprescindible perestroika.

Estamos ante un caso de manual de repercusiones ilimitadas para el desastre público, y no sólo por el saqueo de los fondos que son de todos. Bien sabía Martínez Oblanca que sin Cascos en Asturias tal y como dice en su artículo-, Gijón sería pasto de los artistas del negocio del “modificado”, pues cuando se organizan estos gigantescos mordiscos privados al dinero público –“malversación” dicen los juristas- que nos dejan con la boca abierta y sin respiración –algo muy similar podría predicarse del inmenso, soberbio, por no decir espectacular “pelotazo” de los astilleros, en el que asistimos a similares silencios-, somos muchos ya los que nada esperamos de la llamada “oposición”, pues ante tan abultadas cifras, es evidente que hay para todos, para los que gobiernan y para los que dicen que se oponen, es decir, que sobra, que hay mucho, y de ahí la explicación para el singular fenómeno o regla de nuestra política, que viene a decir que cuanto mayor es un pelotazo, más abrumador resulta el unánime silencio de todos cuantos rumian la pación que se distribuye en estos descomunales comederos emplazados en los establos de la política.

La prensa nos informaba este martes de que el Musel va a costar un 40% más de lo que se presupuestó. Ésa es la noticia. Martínez Oblanca se quedó corto, eso sí, en sus previsiones, pues decía en su artículo: “Hace año y medio ya se hablaba de un sobrecoste para El Musel de 100 millones de euros (o sea, 16.000 millones de pesetas) respecto a los 579 millones de euros en los que fue adjudicada la obra. Entonces se argumentaba -entre la hilaridad de los hombres de la mar y públicoHormigón tirado al mar en general- no sé qué cambios en la tabla de mareas del Cantábrico. Ya veremos finalmente el camelo con el que van a justificar el “tiki-taka”.

El “tiki taka” que anunciaba Oblanca era de 100 millones de euros, pero en realidad va a ser muy superior según cuentan ahora los periódicos -el 40% de 580 millones nada menos-, que han recibido la información convenientemente envuelta en un estúpido pretexto, que responsabiliza a las canteras -las pobres- de estos sobrecostes, como si algo hubiera cambiado en las humildes piedras que de ellas se extraen, desde que fueron formadas en la génesis geológica del suelo patrio.

La culpa es de las canteras, de las piedras que hablan bien de Horacio Fernández Inguanzo, tal y como cantó el cantor manuelino de Francisco Franco y su dictadura. Por algo el Redentor de la humanidad utilizó la piedra como metáfora, a la hora de referirse a San Pedro, como la piedra sobre la que había de asentarse la Iglesia, una institución de bases tan firmes que aguantó, de momento, el doble de lo que Adolfo Hitler tenía previsto para su Reich.

Decía el ex senador Martínez Oblanca en su visionario artículo, que “ya se ha encargado Álvarez Areces de colocar en el consejo de administración de la Autoridad Portuaria a políticos camuflados de técnicos con los que dar lustre y envolver en celofán decisiones que apestan y que, como la que se prepara respecto a El Musel, dejarán pequeños los escandalosos apaños en las adjudicaciones a los fondos mineros a favor de las mismas empresas beneficiarias”.

Se refería Oblanca con esta alusión, no sólo al presidente de la cosa portuaria, el ínclito experto en gestión de públicos dispendios Fernando Menéndez Rexach, también aludía a la presencia en este pródigo organismo de Luis Arias de Velasco, el presidente de la Cámara de Comercio de Gijón, de la Feria de Muestras y de la empresa publicitaria oficial del régimen, Bitácora, que tiene adjudicada la publicidad externa de la RTPA y todas las sabrosas campañas de publicidad presidenciales, como la del Oso Yogui y su compañero de fatigas Boo Boo.

No podemos dejar de citar el oportuno escrito de Oblanca, sin referirnos a un detalle importante del mismo. Recuerda el ex senador que “la Ley de Contratos del Estado contiene el antídoto para estas infecciosas prácticas –se refiere a los atracos a mano armada a los prespuestos-, El mar se lleva el hormigónla facultad de la Administración pública titular para segregar la parte de la obra a reformar y sacarla a concurso de nuevo, dando a todos la misma oportunidad de participar, de manera que el adjudicatario del reformado y el nuevo precio resultante sean fruto del mercado transparente y no del chanchullo en la trastienda, evitando así presiones, influencias y dádivas inconfesables, antesala de la prevaricación y del cohecho”.

¡Qué malo es Oblanca! Ya, ya; a ver quién es el guapo, que desde la oposición propone que la ampliación se saque a concurso, como es de rigor, una vez que todos han cobrado ya lo que tenían que cobrar a cuenta del sobrecoste cantado.

Digamos que en realidad todo estaba previsto, y que hay mucho más que los vaticinios de Oblanca, pues no es difícil encontrar, a poco que se trabajen los buscadores, todo tipo de referencias periodísticas que anunciaban este monumental asalto al Tren de Glasgow que se han montado en El Musel, que justifican con la extracción de unas piedras que siempre han estado ahí, y que siempre ha costado lo mismo sacarlas.

En el año 2005, en el venturoso show de Rodiezmo, José Luis Rodríguez Zapatero anunció la aportación de 500 millones de pesetas para la construcción de la autovía La Espina-Ponferrada, a la vez que anunciaba que el Estado aprobaría el Plan del Gas de Asturias, con la construcción de la regasificadora. Es decir, la ampliación de El Musel ya estaba en marcha, pero había que hacer algo para justificarla, y por lo tanto tenían una buena nueva que vender para la ciudadanía del suroccidente de Asturias, porque aún no habían decidido hasta dónde podían exprimier el limón de El Musel, y de paso construir un acceso rodada a Hullas de Coto Cortés, la mina que unos meses después compraría el amigo leonés Victorino Alonso.

Pero, ¡ay amigos!, no hay para todo, y si ordenamos las prioridades, primero hay que atender los sobrecostes y después los costes, así que la víctima cantada del “pelotazo” de El Musel iba a ser esta autovía.

Los ciudadanos de Cangas del Narcea, Ibias, Degaña y del Valle de Laciana, ya saben por qué se han quedado sin el dinero para la Autovía. Las piedras molidas, machacadas y encofradas del monstruo sobre el que se está construyendo la iglesia gaseadora de Areces, se han comido el presupuesto de esta vía de comunicación.

El espectáculo, a partir de ahora, va a tener las instituciones europeas como escenario, pues allí se ponen “estrechos” cuando les van con recados del tipo de estos sobrecostes. A los alemanes, sin ir más lejos, les molesta mucho destinar su IVA a las fortunas que acumulan los políticos españoles en los paraísos fiscales.

A los asturianos, al menos a nuestros representantes, les da igual todo, porque paraísos fiscales hay muchos y sus bancos no piden explicaciones de nada.

Este Editorial se publica también en El Blog de Juan Vega

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