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22 Octubre 2007

Harry Solbes presenta: ¡Los Prezupueztoz!, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

A FONDO

El próximo miércoles se debaten en el Congreso los Presupuestos Generales del Estado. El Gobierno, aunque con ciertas dificultades, tiene asegurada su aprobación. Pero la sesión parlamentaria dará la oportunidad al líder de la oposición para lanzar un duro ataque contra la política económica del Ejecutivo. El ministro de Economía y Hacienda será el encargado de defender los números que sustentan una visión ciertamente optimista sobre el futuro económico.

La primera cuestión que se planteará en el debate es si la base sobre la que se han construido las previsiones gubernamentales es real o no. Hasta ahora, Pedro Solbes pasaba por ser más bien cicatero. Tanto es así, que, cuando presentó las cuentas del reino ante los periodistas, tuvo que reconocer que había hecho una trampa para esconder 2.500 millones de ingresos, lo que le permitía ahora elevar sus previsiones sobre el techo de gasto público para 2008.

Sin embargo, la estimación de crecimiento para el próximo año que figura en el Presupuesto, el 3,3%, tan sólo ha sido avalada por los servicios de estudios del ICO (sin comentarios) y de Caixa Catalunya, entidad presidida por Narcís Serra, lo cual resta bastante crédito a esa absoluta sintonía en el cálculo con el Gobierno.

Aunque el Santander ha situado el listón del PIB en el 3% (lo que está en línea con los piropos de Emilio Botín a la política del Gobierno), otras entidades como BBVA (Francisco González) o Caja Madrid (Miguel Blesa), recortan la previsión al 2,8% y al 2,7% respectivamente. Ese dato, el 2,7%, es el que acaba de anunciar el FMI (Rodrigo Rato) como previsión de crecimiento de la economía española para 2008; es decir, seis décimas menos de lo que dice Solbes y un punto menos de lo que crecerá efectivamente España durante este año.

Resulta evidente que estamos ante un cambio de ciclo. La economía crecerá notablemente menos, se generará menos empleo y el aumento de la inversión se reducirá sensiblemente (a la mitad que en 2007, según el BBVA). Todo ello en un contexto de fuerte aumento del gasto público.

El problema para Mariano Rajoy es cómo presentar una batalla sobre el Presupuesto sin parecer demasiado agorero. Es decir, sin dar la impresión de que desea que las cosas vayan a peor.

Con el debate de esta semana puede pasar algo similar a lo que ha ocurrido con los dos últimos vídeos protagonizados por Rodríguez Zapatero y Rajoy. El presidente quiere vender confianza, optimismo. Y se permite el lujo de bromear, de reírse de sí mismo, con el juego de las zetas. Una semana antes, el líder del PP optó por una puesta en escena institucional y seria cuando llamó a los españoles a mostrar su orgullo luciendo la bandera en el día de la Fiesta Nacional.

Pero a los ciudadanos les resulta más agradable pensar que el Gobierno tiene razón y que hay dinero para financiar desde la Ley de Dependencia a la prima por maternidad o los gastos del dentista para los niños.

La cuestión es si estamos ante un ejercicio de voluntarismo en el que la prioridad política máxima, ganar las elecciones de marzo como sea, ha transformado al conservador Solbes en una especie de Harry Potter de la economía.

Lo cierto es que, seriamente, acertar lo que va a ocurrir el año próximo es casi un ejercicio de adivinación. Si la crisis de crédito generada por las hipotecas basura no tiene mayores consecuencias (es decir, si no aparecen más bancos contaminados), lo más probable es que la economía pueda crecer por encima del 2,5%. En estos momentos, la desconfianza es total. Lograr crédito en el extranjero es poco menos que imposible. Y, no lo olvidemos, la economía española necesita financiación exterior para seguir creciendo.

Los efectos de esa desconfianza, que tienen su consecuencia directa en la restricción del crédito a las empresas y a los particulares, todavía no se van a notar en el empleo. Es decir, que el empeoramiento de la situación para los ciudadanos no se va a notar hasta dentro de unos meses.

Lo cual no quiere decir que el problema no sea real. De hecho, el presidente del Gobierno, atendiendo a las peticiones de un grupo de empresarios, encabezados por el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, ha reclamado públicamente a los bancos que mantengan sus líneas de crédito a las empresas, en particular para las del sector inmobiliario.

Sin embargo, los grandes empresarios (incluidos los de la construcción) no creen que la situación vaya a deteriorarse dramáticamente en 2008. «¿Crecer al 2,7%? ¿Dónde hay que firmar? A mí me gustaría que las crisis fueran todas así», ironizaba la pasada semana durante un almuerzo uno de los más conspicuos magnates del ladrillo.

No hay recesión. Ni se adivina a corto plazo. De ahí la dificultad del líder de la oposición para construir una argumentación realista pero no tan catastrofista que carezca de credibilidad.

Vamos a crecer menos. Eso es una evidencia. Las familias y las empresas tendrán más difícil conseguir créditos. La fortaleza del euro no ayudará a nuestras exportaciones, lastradas también por un diferencial de inflación que hace a nuestros productos cada vez menos competitivos.

Lo que debería plantear Rajoy es si el Presupuesto sirve para afrontar esa situación de cambio de ciclo o, al contrario, agudizará sus síntomas.

Ese es el punto débil del Presupuesto. Que en una situación que requiere la máxima prudencia, el Gobierno ha optado por disparar el gasto, poniendo en marcha una batería de medidas que engordan los costes del Estado de forma estructural y progresiva. Es decir, que para ganar las elecciones, Zapatero ha optado por tirar la casa por la ventana.

Algunos analistas creen ver en ese oportunismo irresponsable la prueba de que Solbes definitivamente ha decidido tirar la toalla. Es decir, la constatación de que, como todos creíamos, éste sería su último Presupuesto.

Sin embargo, las últimas noticias originadas en los aledaños de Moncloa apuntan claramente en sentido inverso.

Aunque el ministro de Economía y Hacienda había dejado caer antes del verano su deseo de abandonar la política definitivamente, tras las vacaciones todo cambió. «Ahora, el que quiere es Solbes», afirma rotundo un buen conocedor del vicepresidente económico.

La cuestión es: ¿querrá Zapatero que Solbes vuelva a ser ministro?

Es una evidencia que el mundo económico (léase banqueros y empresarios) no paran de decirle abiertamente al presidente que Solbes da garantías de estabilidad, que sería el hombre mejor visto por los mercados internacionales. Es decir, que anunciando que Solbes sería de nuevo su vicepresidente económico, tendría garantizada la complicidad del mundo del dinero para volver a ganar en marzo.

Sin embargo, Solbes ha perdido cierto encanto para el jefe de Gobierno. Zapatero no sólo está convencido de que va a volver a ganar, sino de que lo va a hacer con una mayoría holgada, lo que le permitirá hacer un Gobierno completamente zapaterista. Y, si eso es así, no duden ni un momento de que el candidato para esa esencial cartera no sería Solbes. Por el momento, estaremos atentos al debate del miércoles.

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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