LOS ´PAPELES´ DE SALAMANCA

Cualquiera de los grandes historiadores, nacionales y extranjeros suele destacar, con tintes oscuros, la tendencia y proclividad existente a avivar hogueras y, de esta manera, alimentar focos de división. Un ejemplo lo tuvimos en tiempos nada lejanos, alegando unas supuestas incompatibilidades entre Catalunya y el resto de España, y que se e tradujeron -en el campo áspero de la economíaen recomendaciones explícitas a no comprar algunos bienes producidos en Catalunya.

Las hemerotecas conservan, entre otras cosas, las huellas de estupideces de este calibre; de reacciones irracionales que se producen allí y -seamos sinceros-también en algunas ocasiones aquí. Y todo ello a pesar de las bienintencionadas palabras de quienes ven claro que las relaciones de Catalunya con el resto de España solo debrían discurrir por los cauces de la conllevancia.

La cuestión que hoy nos ocupa - otra vez- se refiere a los papeles de Salamanca. Unos documentos de origen público y privado fruto de la requisa militar realizada en Barcelona y otras localidades catalanas. Algo recuerdo de la primera reclamación que para recuperar los papeles hizo en el Congreso, de Madrid el diputado por Barcelona de Alianza Popular, Antonio de Senillosa Cros, con la explícita aprobación de Manuel Fraga Iribarne. La intervención de Senillosa tuvo que limitarse a su activo personal. Muchos años después, tras esta puntual incursión de la "derecha", en la legislatura actual se produjo una nueva reclamación, merced a la Comisió de la Dignitat.

Lentamente, las fuerzas ultraconservadoras - que abundan en Castilla y León - sitúan el mantenimiento de los papeles en el argumentario del PP. De ahí que hayan surgido exposiciones vacías de razonamiento, como aquellas jaculatorias de Gonzalo Torrente Ballester, recomendando a los salmantinos que no se dejen "arrebatar el botín".

LOS LEGAJOS PRIVADOS

Una decisión clara del Gobierno Zapatero y de la ministra Carmen Calvo, facilitan la devolución a Cataluña de los papeles de carácter institucional. Y ahora se discute - ¡todavía!- sobre más de un millar de legajos de origen privado. En estas circunstancias - y en ejecución de lo dispuesto por la ley- tuvo lugar la inaudita intervención del alcalde salmantibo, Julián Lanzarote, cambiando el nombre de la calle cercana al Archivo -Trafalgarpor el más rimbombante "del Expolio".

De ahí las reclamaciones del diputado de ERC Joan Tardà. Una vez que el nuevo ministro de Cultura , señor Molina ha proclamado su voluntad (¿podía ser de otro modo?) de cumplir la ley , ésta que según dicen está por encima de todos los españoles, cuanto antes, ha llegado el momento de precisar cuando será ese "cuanto antes".

Por cierto, ¿sería aventurado preguntarles a los defensores de la conservación a ultranza del Archivo en Salamanca, que diferencia ven entre un Archivo y una Biblioteca?

No sabemos la respuesta, pero tengan en cuenta que Lanzarote no es hombre de muchos matices. Recuerden, por ejemplo, que no tuvo ingún reparo en vetar una iniciativa municipal de los concejales del PSOE -en diciembre del 2006-para evitar una propuesta de reparación post mortem a don Miguel Unamuno y Juste, que gustaba denominarse "concejal del pueblo".

Fabián Estapé. Economista.