SEÑALES DE HUMO

Pasqual Maragall deja el PSC y la cúpula de ERC es cuestionada. Los problemas en los partidos catalanes seguirán

-¡Dios mío! Howard, ¿qué ves?

-¡Veo cosas maravillosas!

Estas fueron, más o menos, pues varían según las fuentes, las palabras que cruzaron el millonario Lord Carnavon y el egiptólogo Howard Carter al penetrar en la tumba de Tutankamon en 1922.Meses después moría Lord Carnavon tras rebanarse al afeitarse una grano provocado por la picada de un mosquito. Ahí nació la leyenda sobre la maldición de Tutankamon. Los que creen en la maldición llegan a contar más de 20 muertes relacionadas, de cerca o de lejos, con el fabuloso hallazgo.

Pensé en la maldición de Tutankamon al oír a Pasqual Maragall, el president de l'Estatut, darse por su cuenta de baja del PSC y recordar que Montilla había apoyado a Bono en el crucial congreso del PSOE de 2000, mientras él avalaba a Zapatero. El mismo Zapatero que, con la ayuda de Montilla y el PSC, maniobraría hasta lograr que Maragall tirara la toalla y renunciara a intentar seguir como presidente de la Generalitat. Maragall, que ha confesado que padece Alzheimer, trabaja en la creación de un nuevo partido político. En Cataluña no se profanó ninguna tumba ni se ha hallado tesoro alguno, pero nuestra política parece embrujada. Mucho de lo que ocurre en nuestra política es fruto de dos decisiones que se remontan a 2003. La primera fue echar a CiU del poder y formar el tripartito maragalliano con fuerzas políticas con objetivos estructuralmente contradictorios. La segunda decisión fue acometer la aventura del cambio estatutario, senda que el poderoso chamán Pujol siempre eludió abordar. La combinación de ambas cosas abrió la etapa de inestabilidad en la que todavía nos encontramos. A los problemas del PSC, el mayor de los cuales es la deserción de buena parte de sus votantes, hay que sumarles la crisis que atraviesa quien encumbró a Maragall, primero, y a Montilla, después: ERC. La dirección republicana superó ayer el embate de los críticos, pero la batalla no ha terminado, ni mucho menos. Y quizás no es casual que Carretero, expulsado del gobierno por Maragall tras denunciar en voz alta los flagrantes incumplimientos estatutarios del presidente español, sea uno de los arietes que con más furor intentan derribar a la cúpula de ERC.

El Estatuto -en concreto, el rechazo de Esquerra Republicana al texto pactado por Mas y Zapatero en La Moncloa- acabó rompiendo el primer tripartito en 2006 y precipitó el adiós de Maragall.La osadía de Artur Mas, por su parte, fue también castigada.La maldición del Estatuto le negó la púrpura y bien podría suceder que se quede sin ser presidente aunque ganara por tercera vez consecutiva. Otra de las víctimas ha sido, qué duda cabe, Josep Piqué, que se largó tras ser cruelmente maltratado por sus jefes en Madrid.

La maldición ha alejado dramáticamente a los catalanes de sus políticos, ha cercenado carreras y amenaza gravemente a otras.El Estatuto se halla varado en el Tribunal Constitucional, el cual, muy probablemente, va a afeitarlo más de lo que ya está, algo que ennegrecerá el cielo y desatará nuevos vientos y tempestades.Tras la muerte de Lord Carnavon alguien aseguró que se había descifrado una inscripción que decía: «La muerte vendrá con alas ligeras sobre todo aquel que se atreva a violar esta tumba».Nunca pudo ser el mensaje confirmado, pues cuando quiso hacerse, la pared ya había sido inadvertidamente derruida por los trabajadores a las órdenes de Howard Carter.

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