La economía española ante el horizonte electoral

El presidente intenta asegurar la continuidad de la política económica

Pedro Solbes, el vicepresidente y ministro de Economía, tiene ya clara su respuesta afirmativa a la propuesta de José Luis Rodríguez Zapatero de continuar al frente del área económica del Gobierno en caso de que el PSOE gane las próximas elecciones. Según las fuentes consultadas y siempre que no se produzcan imprevistos, tanto el propio presidente como el ministro han valorado las ventajas de la continuidad, aunque, señalan, el acuerdo final debe garantizar a Solbes en el futuro gobierno el mismo peso político que tiene ahora, es decir, la segunda vicepresidencia. Oficialmente, el ministro sólo ha admitido que Zapatero le ha pedido que siga, pero que aún no ha tomado una decisión.

Ciertamente no es un tema menor, pero "para Zapatero, la continuidad de Solbes es media campaña electoral, como lo sería su ausencia para el PP, mientras que en el mundo empresarial la presencia del ministro puede garantizar neutralidades muy valiosas y en el actual entorno financiero mundial es la cara más apreciada por los mercados", señala un político con estrechos lazos con la economía.

El papel del ex comisario europeo en el Gobierno nunca ha sido cómodo, ni para él ni para el presidente. Solbes se ha sentido casi siempre en minoría en el Gabinete, mientras que para el líder del PSOE era a veces irritante su constante crítica a algunos de los anuncios que consideraba claves para despegarse en las encuestas. Ésta ha sido la base de todos los análisis que apuntaban a que Solbes cumpliría con un mandato, como había pactado con Zapatero, y luego se marcharía. También existe un cierto cansancio físico del ministro, con muchos años en puestos activos, en España y en Bruselas, y reflexiones materiales. Pero, como señala desde hace un tiempo un colaborador de Solbes, "si le piden cariñosamente que se quede, lo hará". Y en eso está Zapatero.

Las cosas han cambiado mucho desde que el Gobierno comenzó a rodar en la primavera del 2004. "Para Zapatero, con muchos frentes políticos abiertos y con una base electoral que aún le tiene que dar la reválida, el económico ha sido un frente, desde luego el más importante, en el que el PP se ha estrellado cada vez que ha intentado atacar al Gobierno", dicen fuentes próximas al Ejecutivo. Es lógico, pues, que el presidente del Gobierno intente cerrar este flanco lo más rápido posible asegurándose la continuidad del hombre que encarna el éxito económico. Dicho al revés, como el portavoz económico del PP, Miguel Arias Cañete, admite ante los suyos, "si dimite, nosotros le daríamos lo que quiera".

¿Y Solbes? Su incomodidad también se ha ido rebajando con el paso del tiempo. Su influencia política ha ido en aumento a medida que avanzaba la legislatura. El ministro nunca dejó escapar comentario alguno en público sobre sus conflictos con Miguel Sebastián, el ex responsable de la Oficina Económica de la Presidencia, en ámbitos tan variados como la política fiscal, el asalto al BBVA o la opa de Endesa. Pero el ministro siempre consideró que "el error de Sebastián, de quien reconoce su inteligencia, fue dejarse llevar por su admiración al presidente del Gobierno y querer llevar a la práctica cualquiera de sus ideas, en lugar de dejarlas enfriar y ponderar si eran posibles o no y cuál era el coste de llevarlas hacia delante", sostiene un colaborador del ministro.

Sin embargo, el primer conflicto público y manifiesto de envergadura de Pedro Solbes con sus compañeros de gabinete ocurrió en enero del 2005, a cuenta de un acuerdo entre el Ministerio de Trabajo, dirigido por Jesús Caldera, y los sindicatos para actualizar automáticamente el salario mínimo interprofesional. Las patronales, encabezadas por la CEOE, pusieron el grito en el cielo, y Solbes explicó ante la prensa lo que ya había dicho antes en el Consejo de Ministros: no estaba de acuerdo. Finalmente, no se convirtió en ley, y el secretario general de Empleo, responsable del pacto, presentó su dimisión por primera vez. En ese momento, no le fue aceptada.

Con todo, los rifirrafes más serios siempre estaban referidos a Miguel Sebastián, aunque Solbes nunca ha querido reconocerlos. El punto de inflexión fue el nombramiento, a mediados del año pasado, de Miguel Ángel Fernández Ordóñez, hasta entonces secretario de Estado de Hacienda, como gobernador del Banco de España. Julio Segura, ahora presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), era el candidato del partido y de Sebastián, pero los rápidos movimientos de Solbes hicieron imposible ese nombramiento.

La autoridad de Solbes alcanzó nuevas cotas con el control de un nombramiento tan significativo, pues no hay que olvidar que en el Gobierno siempre se consideró que fue Jaime Caruana, el anterior gobernador y hombre del ex ministro del PP Rodrigo Rato, quien impidió que el asalto de la constructora Sacyr a la presidencia del BBVA tuviera éxito.

Finalmente, hace ahora un año, Sebastián desapareció de la batalla para preparar la campaña por la alcaldía de Madrid, en la que se estrelló como candidato del PSOE. Su sustituto, David Taguas, tiene un perfil mucho más discreto y apenas ha intervenido en cuestiones relevantes que supongan un conflicto con la opinión del área económica del Gobierno.

Pero otro incidente, la dimisión inesperada en abril pasado de Manuel Conthe como presidente de la CNMV, también ha acabado suponiendo, contra todo pronóstico, un alivio para Solbes. A pesar de la interpretación de que le iba a pasar factura que un colaborador nombrado por él hubiera dado armas al PP al acusar a la Oficina Económica de presionar al regulador bursátil en la batalla por el control de Endesa. "Pero lo cierto es que esa polémica ha retraído aún más a la oficina, su intervención es ahora mucho menor que antes, y los reguladores sienten muchas menos interferencias", señala una persona informada sobre el asunto. Obviamente, una situación mucho más cómoda para Pedro Solbes.

A pesar de la convergencia de intenciones e intereses entre Zapatero y Solbes, aún quedan incógnitas políticas sobre la mesa. Desde un sector del PSOE y del Gobierno se auspicia la propuesta de que el próximo gobierno socialista tras las elecciones debería tener un perfil más político. Con Solbes en la vicepresidencia, se argumenta, siempre hay un flanco político al descubierto. Estos sectores defienden que dos vicepresidencias, una a cargo de María Teresa Fernández de la Vega, que ya ocupa ahora la primera, y otra para Jesús Caldera, que ahora está en Trabajo, darían más visibilidad a la acción del Gobierno. Difícilmente Solbes podría aceptar un esquema como ése.