WEEK-END POLÍTICO MUNDIAL
El XVII Congreso del Partido Comunista Chino marca un momento destacable en la evolución de este híbrido difícilmente entendible que es un régimen que se considera comunista pero avanza con rapidez sorprendente hacia las maneras más acusadas del capitalismo. Es un fenomenal salto hacia delante que dejaría estupefacto a Mao, el dictador marxista que precisamente dio nombre de Gran Salto Adelante a una de sus sucesivas, dolorosas y violentas etapas de voluntarismo revolucionario.
Mao sigue siendo un icono porque quienes han ido sucediendo al Gran Timonel en el puente de mando son gente sutil, prudente, que no cree ganar nada con la iconoclastia. Lo suyo son los hechos. Le han dado a China un giro que habla por sí mismo de lo que fue Mao. Deng Xiaoping dijo a los chinos aquello de que "enriquecerse es magnífico". Y a fe que el mensaje fue en seguida entendido y puesto en práctica. Así se habla ya de China como cuarta y hasta tercera potencia económica mundial. Ha entrado de lleno en este puédelo todo de nuestra época conocido como desarrollo económico. La panacea del desarrollismo. El molde según el cual se clasifica a los estados, las naciones, los pueblos.
Es una manera de entenderse que plantea más de un desajuste, tratándose de formas del capitalismo. Se pone en duda la validez de crecer por crecer económicamente sin detenerse a ver quién queda al margen del crecimiento. Existe la teoría, digamos plausible, de que a mayor crecimiento, mayor reparto. Es innegable. Se produce así. En India, por ejemplo. Pero también lo contrario. En la misma India, en Brasil y otros países donde el desarrollo ha creado simas entre los distintos grados de beneficiarios y los que no lo son tanto. O nada.
Situar en este sistema de evaluaciones a un Estado que sigue considerándose comunista exige mucha atención, un plus de esfuerzo mental. Y una óptica depurada y compleja para intentar ver claro en un régimen comunista de partido único entrado sin embargo en un proceso acelerado de economía de mercado. No mercado social o socialismo de mercado. Seamos claros: mercado puro y duro. Grandes fortunas, y una clase media creciente. Pero pobreza. Mucha y en amplias capas de la sociedad. Abandonadas además en gran parte a su suerte, desasistidas de la protección social. Extraño comunismo. No tan extraño capitalismo.
Y ahora, esta dualidad discordante chirría. Desigualdades clamorosas entre ciudad y campo, regiones emergentes y regiones decaídas, capas sociales de alto o buen nivel de vida y otras marginadas, corrupción, agresión al medio ambiente. Problemas propios del desarrollismo capitalista en el marco de un Estado de partido único que se llama comunista. Dos mil asistentes al XVII Congreso del PCCh se enfrentan a esta realidad de luces y sombras, a este crucigrama que parece disparatado y, según cómo, conducido por los mandarines del partido con sabio discernimiento para espaciar y ponderar los modos y los tiempos, lo oportuno y lo inoportuno.
Deng Xiaoping dio el fulminante disparo de salida, Jiang Zemin recogió la antorcha y la llevó adelante decididamente, sin detenerse a mirar hacia atrás, a los que no le podían seguir. Unos por fidelidad a los principios, otros por haberse quedado en el pelotón de cola. De ahí que en la sala del Congreso se oigan palabras, frases, lemas, consignas que suenan a nuevas con un perceptible deje de ya sabido. Es la prudencia, la mesura, el cambio en la continuidad o viceversa. Un eco de la estereotipada fraseología antigua en el sonar de invitaciones a no distanciarse de la realidad. En tiempos deMaola realidad fue brutalmente contorsionada por la ideología, a golpe de consignas. Para los Hu Jintao y Wen Jiabao la realidad emerge con potencia, cambiante por sí misma en un discurrir imparable. Y se ven obligados a ponerse al paso, pero salvando al régimen.
Es un esfuerzo para impedir el desbordamiento. Un difícil montaje de equilibrios o reequilibrios. Se echa mano de las consignas al modo antiguo: las "tres conciencias", los "cuatro imperativos". Y surge la palabra mágica de acentos confucianos: armonía. "Sociedad armoniosa", "crecimiento armonioso", "desarrollo exhaustivo, armonioso y durable". ¿Versión china del crecimiento sostenido del capitalismo? Hay desencajes sociales, económicos, territoriales. ¿Conviene frenar o simplemente corregir? Desde arriba se habla de reestructuración para colocar al hombre en el centro del sistema, no sacrificándolo al desarrollismo desbocado.
Son propósitos que indefectiblemente conducen al nudo de la cuestión que es política, también versión china de algo que va unido al desarrollo capitalista. La teoría según la cual la economía de mercado lleva a la democracia. O que la necesita para serlo de verdad. Si el hombre ha de ser el centro, ¿ha de haber un sistema estatal que le garantice este lugar de privilegio frente al desarrollismo capitalista sin control? ¿El papel central del hombre es posible en un Estado no democrático, que para protegerle le niega la libertad de expresión y reunión, los derechos fundamentales?
La respuesta viene sin velos: hay que "persistir en una orientación política correcta y mantener al partido en el centro del liderazgo". Aquí ha habido un corrimiento del centro hacia el partido. ¿Y el hombre? Primero el pan, luego la libertad, vieja fórmula equívoca. Sobre todo si para muchos no llega ni el pan.
China y su PCCh se encuentran, después de haber fomentado el gran despegue económico y las desigualdades consecuentes, ante flagrantes contradicciones. Es esta imagen entre vigorosa y descoyuntada la que impone su presencia en las distintas tendencias y generaciones reunidas en el amplio foro del XVII Congreso del partido.

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