EN LA COLUMNA DE UMBRAL / 51

¿Recuerdan ustedes la película Los recuerdos de los muertos? Una empresa descubre un chip que, implantado en el cerebro, es capaz de almacenar los recuerdos de la persona desde el primero hasta el último de sus días. Cuando muere, se le extrae el chip y un montador manipula los miles y miles de horas de recuerdos hasta dejarlos reducidos a algo que poco tiene que ver con la vida real que vivió el muerto.

Eso es lo que Zapatero -¿qué trauma tiene este hombre que le reconcome y le hace vivir en permanente estado de ansias vengativas?- pretende hacer con todos nosotros con la Ley de Memoria Histórica. Zapatero se convierte así en el gran montador, en el manipulador de nuestros recuerdos, con su necia, y muy prepotente, pretensión de querer construirnos una memoria a su imagen y semejanza. O a la de su abuelo.

Nuestros recuerdos, buenos o malos, tristes o alegres, amargos, divertidos o tiernos... son los que son. Los que nosotros queremos que sean. Y allá van, al fondo de nuestra memoria, junto con los conocimientos que vamos adquiriendo a lo largo de la vida. Y, por más que se empeñe Zapatero, eso no va a cambiar.

Y lo peor del caso es que, no sé si a sabiendas, Zapatero está intentando hacer lo mismo que el franquismo con su Causa General, que atribuía al ministerio de Justicia «la honrosa y delicada misión de fijar, mediante un proceso informativo fiel y veraz -para conocimiento de los poderes públicos y en interés de la historia- el sentido, alcance y manifestaciones más destacadas de la actividad criminal de las fuerzas subversivas que en 1936 atentaron abiertamente contra la existencia y los valores esenciales de la Patria, salvada en último extremo, y providencialmente, por el Movimiento Liberador».

Causa General -que pretendía también, como Zapatero, reconstruir la Historia con los recuerdos de sólo un bando-, publicó un primer tomo con largas listas de asesinados sin juicio de ninguna clase; fotos terribles de lo encontrado en las fosas de Paracuellos o de otros muchos lugares de España; relatos de las torturas que se llevaron a cabo en las checas con especial mención a la de Fomento y Bellas Artes de Madrid; los robos y saqueos en las casas; el expolio, profanación y destrucción de iglesias con listas de todo lo que se robó. También dedicaban varias páginas -14 a doble columna- a los sacerdotes y religiosos fusilados en Cataluña, entre los que figuran los maristas cuya historia se contaba en CRONICA del 14 de octubre.

Fue tal el impacto que causó el libro, mero «avance de la información instruida por el ministerio público», que el franquismo reculó. Aquélla no era la forma de intentar cerrar heridas que todavía estaban completamente sangrantes en pleno 1943. Y jamás se hizo pública la segunda parte de Causa General.

Y ahora Zapatero, 70 años después de la guerra, 32 años después de la muerte de Franco, sigue sus pasos y abre otra Causa General cuando ya el tiempo, y la voluntad decidida de los hombres que hicieron la Transición, había cicatrizado heridas y pasado página. ¿Maldad, irresponsabilidad, venganza...? Con Zapatero cual- quier cosa es posible.

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