Speaker's corner

En esta sociedad convencional, hecha a la medida de los que sólo viven para el éxito dispuestos a pagar cualquier precio por conseguirlo, resultan muy gratificantes las personas, las obras y las causas en las que uno percibe otros valores y otros objetivos que los de la mera mercadería espectacular. Son bastiones de autenticidad y de resistencia que alientan la esperanza de un mundo más libre, más justo y más inteligente. Con aparente frivolidad y con un sentido lúdico inexpugnable, Vampirella trabaja para despojar al sexo de las limitaciones que impone la tradición machista, ahora con un libro ameno e instructivo, Sex Toys (ilustrado por Laura MC), en el que hace un repaso exhaustivo de juegos y juguetes eróticos contribuyendo a que las mujeres sean protagonistas de su propia sexualidad. Parece un juego pero es un libro muy serio. Lo presentó el miércoles en el Gula Gula, después de la danza sensual de Nidal Hosaini, acompañada por los periodistas Francine Gálvez y Miguel Angel Barroso, que defendió la fantasía y advirtió de los peligros de la religión; la Doctora Amor, que es un poco despistada porque es rubia y aseguró que Vampi «es muy limpia» y «cotiza»; y la incombustible Dyossa, que se declaró «rubia, pero con mechas» y «abierta a todo» y dijo que este libro debería ser de lectura obligada en la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Pues no le falta razón. Mientras tanto, no lejos de allí, en la librería Berkana, Eduardo Blázquez presentaba, junto al crítico de arte Javier García-Luengo, su ensayo El Paraíso de Eros, un pormenorizado análisis de la película Brokeback Mountain que es un deleite de erudición sobre ese romance entre dos hombres que sacudió los prejuicios del gran público. Al día siguiente por la mañana entraba yo en el Congreso con Lucía Etxebarría, que participaba en una mesa organizada por Los Verdes contra el maltrato animal, junto a Ruth Toledano, Alberto Vázquez-Figueroa, Isabel Pisano y Jorge Riechmann. Denunciaron el holocausto animal como lo llamó Ruth, que se diferencia del humano en que los animales no tienen voz propia.

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