Cumbre europea en Portugal

La UE afirma que la reforma le permitirá resolver los desafíos del futuro

La Unión Europea celebró ayer con una mezcla de alivio y alegría el acuerdo sobre el nuevo tratado. Nunca antes en sus 50 años de historia había costado tanto alumbrar un nuevo texto legal para actualizar las normas de funcionamiento del club como con el tratado de Lisboa, pactado anteanoche por los Veintisiete. Por eso, nace con vocación de perdurar en el tiempo, a diferencia de lo ocurrido con los parches pactados en Amsterdam (1997) y Niza (2000) al tratado de Maastricht (1992), origen del euro. De las dos citas anteriores, seguidas por el fracaso de la Constitución en 2005, los estados miembros salieron con una larga lista de demandas insatisfechas. Esta vez, la sensación es la contraria. La experiencia ha sido demasiado dolorosa para repetirla en un futuro cercano. Reino Unido y Polonia, los países que más han condicionado el diseño del tratado y su embrión constitucional, advirtieron ayer que no aceptarán cambios institucionales en mucho tiempo.

Los Veintisiete se declararon ayer preparados para reforzar la respuesta europea a la globalización, velar por la transparencia de los mercados financieros o impulsar ambiciosas políticas contra el cambio climático, entre otros objetivos inmediatos comunes. "La UE puede concentrarse ahora en los temas que más preocupan a los ciudadanos y hacerlo de manera más eficiente", proclamó, pletórico, el primer ministro portugués, José Sócrates, en nombre de la presidencia. El acuerdo, prosiguió, "demuestra que la UE tiene confianza, está segura de sí misma y tiene capacidad para resolver los desafíos futuros". "Espero que viva muchos años, prosiguió. No será fácil lograr otro pronto".

La presidencia portuguesa logró cerrar el acuerdo en la primera sesión de la cumbre, de madrugada, como manda la tradición. Ofreció a Italia un escaño más en el Parlamento Europeo (con la sencilla fórmula de no computar a su presidente en el techo de 750). Primer problema resuelto. Luego, encontró una fórmula para integrar en el tratado el "freno de emergencia" a la toma de decisiones como pedía Polonia. El gobierno polaco declaró haber obtenido "todo lo que quería". Según confesó Sócrates, en Lisboa no se hizo de rogar. "En menos de 45 minutos solucionamos el problema polaco", comentó. Además, Varsovia obtuvo el respaldo del resto de socios para que el Tribunal de Justicia le conceda un abogado general permanente, como el resto de grandes países.

El acuerdo sobre el tratado recoge también un nuevo reparto de escaños en el Parlamento Europeo que permitirá a España tener cuatro representantes más en Estrasburgo en la próxima legislatura, en compensación por la pérdida de poder en el Consejo de ministros que implica el nuevo sistema de voto respecto a lo pactado en el año 2000. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero destacó que el tratado mejora el funcionamiento de las instituciones y abre un "escenario de serenidad y fortaleza".

Los Veintisiete acordaron el nombramiento de un grupo de sabios que reflexionará sobre el futuro de Europa y su lugar en la globalización, una idea del presidente francés Nicolas Sarkozy. El "sueño europeo", sostiene, no puede ser el mismo que el que tenían los padres fundadores de la Unión hace décadas. Francia ya no permitirá la apertura de nuevos capítulos en las negociaciones de adhesión con Turquía hasta que los sabios - historiadores, geógrafos, filósofos y, no menos importante, geógrafos- no se sienten a reflexionar.

La larga vida que ayer coincidieron en desear los líderes al tratado de Lisboa tiene más garantías de cumplirse que en el caso del proyecto constitucional. El gobierno británico ha descartado la convocatoria de un referéndum, decisión que le asegura una dura vuelta a casa. El diario sensacionalista The Sun mantiene una fuerte campaña a favor de la consulta y ayer acusó al premier Brown de traicionar los intereses de Londres, como Judas con Cristo, en "la última cena", como rebautizó a la mantenida por los dirigentes. Los países responsables del fracaso constitucional, Francia y Holanda, también han renunciado a la consulta (fiel a su estilo, Sarkozy quiere ratificarlo cuanto antes, vía parlamentaria, en diciembre). Dinamarca se inclina por renunciar al referéndum, de modo que sólo Irlanda, por obligación constitucional, pedirá la opinión a sus ciudadanos.

Si todos los países ratifican el texto en 2008, el tratado entrará en vigor el uno de enero de 2009. ¿Podrán los Veintisiete mantener la unidad y seguridad en la visión común del mundo que ayer transmitían? La próxima cumbre euroafricana y los acontecimientos que se sucedan en Kosovo cuando en diciembre se cumpla el plazo de la ONU para una solución pactada sobre su estatus pondrán a prueba esa imagen de concordia. La unidad europea en política exterior es uno de los asuntos que el nuevo tratado no garantiza, como quedó claro cuando se rebajó el rango y funciones del "ministro europeo de Exteriores", cargo que se quedará en el de Alto Representante. Es uno de los cambios que se han quedado por el camino en el equilibrio de intereses recogido en un tratado marcado por su traumático nacimiento. "Después de lo ocurrido con los referendos no podíamos volver con el mismo texto. La gente diría que es antidemocrático", declaró ayer la canciller alemana, Angela Merkel.

Las claves del nuevo tratado

Un tratado y no una Constitución. Mientras que la Constitución tenía un espíritu refundador de la UE, el nuevo tratado se conforma con enmendar los tratados existentes y adaptar las instituciones a la Europa ampliada. Se eliminan las referencias a una Constitución o símbolos como la bandera o el himno.

Instituciones. En lugar de la presidencia rotativa semestral, habrá un presidente del Consejo para dos años y medio, renovable una vez. El alto representante de Asuntos Exteriores (actualmente Javier Solana) será vicepresidente de la Comisión y coordinará la acción exterior. El Parlamento aumenta su poder de codecisión legislativa.

Derechos ciudadanos. Se da fuerza legal a la Carta de los Derechos fundamentales. Londres y Varsovia han obtenido una derogación.

Votación. Se instaura el sistema de doble mayoría (al menos el 55% de los estados miembros y con el 65% de la población) pero, ante las presiones polacas, se aplaza hasta el 2014. Hasta entonces, la votación seguirá basándose en lo establecido en Niza.

Parlamentos nacionales. Podrán devolver a la Comisión las propuestas que infrinjan la competencia nacional.

Iniciativa popular. Un millón de ciudadanos pueden pedir a la Comisión que proponga una medida legislativa.