El proceso de sustitución de Vicente Álvarez Areces al frente de la presidencia del Principado no va a ser sencillo ni fácilmente ejecutable, porque el personaje no es ninguna broma, evidentemente, puesto que además de ser todo un ágil jabalí de la política asturiana le costó mucho llegar ahí, y porque encima la operación tiene que hacerse bien, dada la evidente necesidad de mantener la credibilidad de las instituciones dentro de unos límites razonables, y sobre todo, porque Areces aún tiene en sus manos las riendas que manejan José Ramón Pérez Orniael aparato de presidencia, que si un tonto es capaz de hacer maravillas -los precedentes son espectaculares-, cabe imaginar lo que es capaz de hacer un hombre que de tonto no tiene ni un gramo, con el tesón y la capacidad de quien más que un ser humano, en su manera de hacer política, podría decirse que se aproxima a las condiciones de un molusco como la llámpara, cuyas virtudes adherentes le confieren un prestigio público superior a sus nada desechables cualidades culinarias.

Javier Fernández, lider indiscutido de la FSA-PSOE, rompió con la tradición escapista impuesta por Luis Martínez Noval durante los años de poder de José Ángel Fernández Villa -a quien han dejado con la solitaria capacidad de propinarle retóricos azotes a la concejala Ana Botella en nombre del pasado a remover por encargo de la patronal zapateril- y se ha colocado en el corazón de la jugada, sentado en el asiento que correspondía al propio partidario de turno, para asumir la condición de esfinge instalada en el lugar oportuno, en el momento adecuado.

Todos niegan, y Fernández el primero, que el lider socialista tenga ambición alguna de ser presidente del Principado, y es evidente que él ha demostrado, por activa y por pasiva, que sólo lo será si llega bajo palio. Su jugada felina de romper el acuerdo gastronómico con la grey mendicante que Gaspar Llamazares tiene montada en Asturias, para escarnio de los “comunistas”, sólo ha podido ser contemplada con agrado por el público sentado en el gradería.

Tenga yo los motivos que tenga para haberme formado una malísima opinión de esta gente, me temo que no peco de arbitrario si digo que la imagen de este grupo de aventureros -comparar a Jesús Iglesias con Fernando Lastra mueve a hilaridad-, intentando condicionar la política asturiana, y calificando lo que representan Serafín Abilio y Severino García Vigón como un mundo “de subvenciones”, cuando ellos mismos se ponen a apretar las tuercas al gobierno metiendo palos en las ruedas de los negocios, si a ellos no se les da lo suyo, es más propia de Luis Candelas, e incluso peor, dado que al menos el bandolero tenía la dignidad de su trabuco y a estos sólo les queda la escudila del mendigo: ”¿Qué hay de lo mío?”.

Ahora la FSA-PSOE le ha metido a Vicente Álvarez Areces y su agente en la comunicación asturiana, Jorge Fernández León, un disparo en la línea de flotación de su aparato de propaganda, al quitarle al gobierno la potestad de nombrar y cesar al director del Ente Público RTPA, cargo que actualmente ocupa José Ramón Pérez Ornia, que recientemente se deshizo del comisario político de Fernández León y Areces, Francisco Javier Asenjo González, enseñándole los dientes al tándem del gobierno mediático asturiano, pues todo el que tiene que saberlo, sabe que Ornia está desde hace mucho tiempo hasta el gorro de la presión permenente a la que le someten.

Primero fue la caja lista, Cajastur, cuando en el polémico debate de la Ley de Cajas, la Junta General del Principado, el parlamento le ventiló al presidente la llave de la caja de la caja. Ahora es la caja tonta, la RTPA. Sin las dos cajas, Areces yo no tiene ninguno de los dos pilares sobre los que asentó su proyecto de gobieno.

Areces -el gobierno- va a seguir proponiendo al director, pero será la Junta General del Principado la que decida por mayoría cualificada, lo que obliga a que este nombramiento sea acordado por los dos partidos mayoritarios, lo que deja a Izquierda Unida y su pequeño grupo al margen de tal decisión.

Un paso más en el lento proceso de liquidación de Areces, al que se acaba de quitar otra máquina que pretendía manejar en exclusiva, una vez que desde el centro de inteligencia de la calle Santa Teresa de Oviedo le volaron el pacto con IU, un mecanismo de autonomía de decisión personal que tenía ensayado con Jesús Iglesias, desde los tiempos en que este singular superviviente de la política asturiana era concejal en Gijón y pactaba con el entonces alcalde y hoy presidente, las mayorías municipales en la Villa de Jovellanos.

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