Ecologistas y ayuntamientos cantan las excelencias del agua del grifo

Es la bebida de moda en Estados Unidos. La más barata. La más sana, según sus promotores. La que sirven en los restaurantes cuando el cliente acaba de sentarse. Aunque las ventas de agua embotellada suben sin cesar y este sigue siendo el país de la Coca-Cola, autoridades, restauradores y ecologistas han lanzado una campaña a favor del agua del grifo. Los defensores de ese agua argumentan que, además del precio tiene otras ventajas. Por ejemplo, para el medio ambiente. Para fabricar las botellas de plástico que cada año consumen los estadounidenses se necesitan más de un millón y medio de barriles de petróleo, según la organización ecologista con sede en Washington Earth Policy Institute.

La cruzada ha empezado. Y las empresas de agua embotellada, convencidas de que vendían un producto sano, incluso con una imagen ecológica, temen que su producto quede asociado a bebidas azucaradas o golosinas líquidas, como las llaman algunos aquí. En 1990, los estadounidenses bebieron 8.300 litros de agua embotellada, según datos de Beverage Marketing Corporation, una consultora del sector. En 2006, bebieron

31.000 litros. El boom,alimentado por el temor a la plaga de la obesidad y la obsesión por la comida sana, es uno de los fenómenos más destacables en el mercado de bebidas. La fiebre del agua embotellada es visible en cualquier supermercado. La cadena Whole Foods ofrece once marcas distintas. Algunas son importadas de Francia, Croacia e incluso las islas Fiyi, un lugar lejos de la lluvia ácida y otro tipo de polución,dice la etiqueta.

El agua es algo más que agua, o no es. La marca Brightwater se presenta como "una profecía nativoamericana hecha verdad" y alardea de "haber sido programada con música, cristales y plegarias buenas para la salud, la felicidad y la prosperidad". Y otra lleva por nombre Ethos. Quien compra una botella de esta marca contribuye a proyectos humanitarios relacionados con el suministro de agua.

El problema, como cualquiera en Nueva York u otras ciudades estadounidenses puede comprobar, es que el agua del grifo es tan buena o mejor que algunas aguas envasadas.

Tanto, que en Manhattan hay pediatras que recomiendan que se dé agua del grifo a los bebés.

El agua neoyorquina procede de 19 embalses y tres estanques situados al norte y al oeste de la ciudad y, según las autoridades, es tratada con sustancias como cloro, flúor o ácido fosfórico.

"Tenemos un agua buenísima, de la que se ha dicho que es el champán del agua municipal", dijo recientemente Thomas Frieden, responsable de Sanidad en el Ayuntamiento de Nueva York, en una entrevista a la radio pública. El alcalde de San Francisco, Gavin Newsom, se jacta de que el agua de su ciudad es "una de las más prístinas del planeta".

Gavin, así como sus homólogos en Los Ángeles y Salt Lake City, ha tomado iniciativas para impedir que los departamentos municipales gasten dinero público en agua embotellada y animar a los funcionarios a beber agua del grifo. El alcalde de Chicago, Richard Daley, propugna un impuesto especial para las botellas. Y Nueva York ha lanzado una campaña para promover el "agua municipal".

El debate se enconó este verano cuando The New York Times publicó un editorial titulado En defensa del agua del grifo.Además de los argumentos económicos y medioambientales, advertía de que el aumento del consumo de agua envasada podía disuadir a las autoridades a la hora de invertir en el mantenimiento de las redes actuales.

"El acceso a agua barata y limpia es básica para la salud de la nación", decía el diario neoyorquino. Y remachaba: "El cambio verdadero llegará cuando millones de consumidores normales se den cuenta de que pueden ahorrar dinero, y salvar el planeta, cerrando sus botellas de agua y abriendo el grifo".

La respuesta de la industria fue airada. En un comunicado, la Asociación Internacional de Agua Embotellada alegó que las botellas representan una parte anecdótica de los desechos contaminantes. Y denunció que enfrentar el agua del grifo con el agua embotellada era un error, porque para muchos consumidores ambas son complementarias. La batalla, sugería esta asociación, no debería ser agua embotellada contra agua del grifo, sino agua contra bebidas con cafeína o azucaradas.

INICIATIVA EN SAN DEBASTIÁN: Jarras gratis para hosteleros

El Ayuntamiento de San Sebastián ha puesto a disposición de los hosteleros de la ciudad jarras de cristal para que ofrezcan agua del grifo en lugar de embotellada en sus menús del día y reducir así los residuos que genera este sector. Un total de 30 establecimientos se han adherido en "apenas una semana" a esta iniciativa, puesta en marcha por el consistorio donostiarra con el apoyo de la asociación de Empresarios de Hostelería de Guipúzcoa, informó ayer el concejal de Medio Ambiente, Denis Itxaso. El Ayuntamiento ha invitado a más de 900 hosteleros -por ahora sólo los que ofrecen menú del día- a adherirse voluntariamente y participar en este programa, por el que el consistorio suministra recipientes de un litro que llevan inscrito el lema "¿El agua? En jarra, ¡naturalmente!"