Por entre las páginas del huecograbado y el papel couché se escapa el glamour de la exclusiva con destino a las peluquerías y a las salas de espera de los dentistas. Un the end de vuelo gallináceo. Este director neoyorquino, provisto de alas como los angelitos, pegando saltitos, y lanzando flechitas a diestro y siniestro, ensartó, como pollos rustiéndose al ast, a Bardem y a Penélope durante el rodaje de su película en Barcelona, aunque ellos ya se conocían tórridamente y precozmente de Jamón, jamón,del genial Bigas Luna. No todo tenía que ser Gaudí y shopping en el paseo de Gràcia para inmolar la tarjeta de crédito.

Ahora la parejita, que empezaron haciéndose carantoñas en Barcelona, ha acabado yéndose a las islas Maldivas, un paraíso de los taxistas de Lavapiés. En lugar de irse al Parador de Cardona, que es en opinión de Monzó, un lugar con las condiciones necesarias para llevar a cabo el aparejamiento entre los seres humanos con pleno éxito. ¿Pero quién es el guapo que se vende una exclusiva para Hola que transcurra en el parador de Cardona? Así que la pareja de actores españoles no han querido colar a Barcelona entre las ciudades del amor, tras París o Venecia, ni siquiera tras Palma que era donde se iba de viajes de novios y se volvía cargado de ensaimadas. Nuestros actores internacionales se han ido a las quimbambas, a una isla privada - quien no tiene una isla privada no es nadie, ni nada- y allá por entre la espuma de las olas y el impoluto blanco de la arena, desfila un horizonte que separa dos añiles. Un azul turquesa de aguas cristalinas y un cielo inmaculado. A juego con cuatro palmeras y una choza que no es tal choza sino bungalow todo ello, por lo visto, con paparazzi incluido por el mismo precio. Un spot perfecto de los limones salvajes del Caribe… pero en el Índico.

Debo confesar que la mise en scène me ha decepcionado profundamente. No te puedes besar de torniquete, pasando un brazo por las cervicales del contrario y el otro por las lumbares… Con el agua hasta los tobillos, tal que si estuvieras tomando un baño de pies. El beso que le propina el señor Bardem a la señora Cruz es más propio de un socorrista de la Cruz Roja, practicándole el boca a boca a una ahogada, que una efusión amorosa. El resto de los besos, caricias y arrumacos son de relleno, carecen de vida propia. Nada que ver con la faena de aliño que perpetraron Burt Lancaster y Deborah Kerr, en De aquí a la eternidad,"besándose - según los especialistas- efusivamente tumbados en la playa mientras la marea los recoge como simulando un abrazo orgásmico". Pero ellos se conocieron en Hawai y nuestros chicos en Barcelona.