VIEJO ESPECTADOR
Recientemente se han reunido por primera vez, después de cincuenta y cinco años de enfrentamiento, los representantes de Corea del Norte con los de Corea del Sur para iniciar una negociaciones que deben llevar, a la larga, a una cierta reunificación. Vimos, en la misma fotografía, al presidente del Sur con Kim, el dictador por herencia de una Corea del Norte tan armada para una guerra y tan desarmada para una vida en normalidad. Para verse tuvieron que cruzar el espacio que de acuerdo con el armisticio se creó sobre el paralelo 38, que divide la península coreana.
Se trata de una franja de 250 kilómetros de longitud por cuatro de amplitud. Sorpresa para unos y otros: esta franja, que ha vivido más de cinco décadas entre dos fuegos, ha rehecho una naturaleza que parece virgen. Plantas y hierbas que se creían desaparecidas, así como animales en cantidad que dejan aproximarse al hombre y no le temen porque hasta ahora no lo habían visto. Esta situación de paz entre dos trincheras enemigas no es nueva, aunque en la Primera Guerra Mundial, donde hubo un periodo de trincheras, no se pudieron medir los resultados de las situaciones intermedias. A este sector se le llamó "no man´s land" y era más de muerte que de vida.
Durante la guerra civil española el ancho sector de tierras entre trincheras de la Casa de Campo de Madrid se vio vivificador. Allí, cerca de la tradicionalmente llamada "cuesta de las Perdices", anidaron muchas de ellas viviendo a sus anchas, entre tiroteos que sabían que no iban a por ellas. Lo de Corea, claro está, como ha durado tantísimos años, ha cuajado de una manera mucho más insólita. Tanto que los coreanos piensan dejar la mencionada franja tal cual está como parque natural.
Deberían tomar los chinos - que están tan cerca de Corea y que intervinieron, como los norteamericanos, en la guerra (1951-1953)- algún ejemplo de la franja de Corea para intentar, también ellos, conseguir algún parque natural entre las tierras hoy tan ocupadas por multitudes de personas. Aunque mejor que parques naturales sería preferible disminuir la contaminación de gases adversos que hoy sufre gran parte de China. Necesitan de la tierra más que de la exportación de sus productos para vivir. Ahora mismo se acusa una disparidad de nivel de vida entre los chinos que viven y trabajan en las zonas industriales de la órbita de las grandes ciudades y los campesinos, obligados a continuar con su triste economía de mera subsistencia. A la larga se pueden arreglar un poco las desigualdades de ganancias entre los que viven en los sectores industriales, pero en cambio queda fuera la enorme cantidad de chinos que llenan los campos. Ya se habla en alguna gran ciudad de implantar servicios sociales o sanitarios, que en el campo ni siquiera se pueden prever. Y eso puede frenar el galope económico de China, pues en el campo vive o malvive demasiada gente. Es una imagen difícil de olvidar la que capté durante muchas horas de tren viajando por China en tiempos de Mao. En ningún otro lugar es posible ver en pleno campo tantas multitudes concentradas. Trabajaban la tierra incluso con las manos y a mis observaciones replicó un compañero de viaje: "¿Y dónde quieres que se metan los 1.300 millones del censo chino?".
No hay que pensar, ciertamente, en franjas paradisiacas. Por el contrario, muchísimo trabajo tendrán para rebajar el nivel de contaminación que sufren, por ejemplo, las aguas de los ríos con las cuales a veces no pueden ni regar los huertos que hay a su vera. El agua, que ha pasado por petroquímicas y otras instalaciones industriales, no sólo no es potable sino ni siquiera "regable". Un susto se lleva uno cuando lee que incluso el río Amarillo tiene un color verdusco y su contaminación no sólo se nota en el sabor, sino en el mal olor. Y hablar del río Amarillo, el Yangtsé, es hablar de un mar como el río de la Plata, del Nilo o del Amazonas. No es sólo vital sino urgente depurar las aguas del Yangtsé y eso no se hace sin desembolsos y renuncias a los trabajos acelerados que han dado a China la ventaja económica que a todo el mundo ha sorprendido y con los que quieren sostenerse y dejar para el 2017 la apertura política. A pesar de mantener, de nombre y de faz, el mismo Partido Comunista de Mao, hoy y después de que Deng Xiaoping lanzara el "enriquecerse es glorioso", practican una economía de mercado que puede calificarse del más salvaje de los capitalismos.
En el anuncio de las cuestiones que tratar por el congreso comunista - el XVII- que se ha reunido en la actualidad, no se han mencionado KRAHN los problemas que se derivarán de las necesarias depuraciones de aguas y de aires para acercarnos al cumplimiento de la acción que tanto ha recomendado Al Gore (su campaña mundial le acaba de valer un premio Nobel). China es, en estos momentos, el país que más contamina por ser el que más trabaja con carbón, petróleo y otros productos contaminantes. También Estados Unidos se mantiene en la cabecera de semejantes contagios, que tendrá que depurar más temprano que tarde.
Los países occidentales acabarán por actuar, pero deberán forzar a los países en cuarto creciente para que reduzcan su desarrollo con la implantación de depuradoras y controles. Para ellos será más difícil tomar semejantes decisiones justamente cuando ahora - piénsese también en India- empezaban a situarse en los niveles que Occidente ha disfrutado tantos años. Se trata de salvaguardar la Tierra antes de que vuelva a ser un paraíso porque hayan desaparecido los humanos.

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