Hace unos pocos días, y gracias al acierto de la Fundació Catalunya Oberta, tuvimos la oportunidad de escuchar las reflexiones de André Glucksman, un brillante intelectual francés superviviente del mayo de 1968. Glucksman, que proviene del anarco-maoísmo, es ahora un militante activo en la defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos.

Glucksman fue claro y contundente en su análisis sobre la situación de Europa y, por extensión de Occidente. Estamos - dijo- en un clima de nihilismo generalizado: todo está permitido, nada vale nada, y sólo en el adversario reside el mal. Hay - añade- el nihilismo de los fuertes, el de los que organizan las guerras sin respetar a nadie, un nihilismo que muestra la ausencia total de valores humanos. Pero hay también el nihilismo pasivo, el que nos afecta a casi todos en forma de indiferencia ante el mal que nos envuelve. Vivimos dominados por una atmósfera de indiferencia que puede hacer fracasar esos recursos de humanidad que residen en lo más profundo de las personas. Contra ese nihilismo, contra la indiferencia y, en concreto, contra las atrocidades que veía en Rusia y en Chechenia, luchó enconadamente Ana Politkovskaia - ángel, coraje y luz iluminadora-, que fue asesinada ahora ha hecho un año, por quienes no soportan la denuncia de la maldad y del horror.

Es necesario que voces del sector intelectual se sumen a la de Glucksman y consigan despertar la conciencia de esos millones de europeos que gozamos de altos niveles de bienestar, pero no reaccionamos ante la crueldad que presenciamos. Los intelectuales deberían hoy recordar la pregunta que hizo en 1946 Albert Camus a un grupo de pensadores entre los que se contaban Koestler, Malraux i Sartre. "¿No creen que todos - preguntó Camus- somos responsables de la falta de valores? ¿No creen que si todos nosotros que procedemos del nietzscheísmo, del nihilismo o del materialismo histórico, confesáramos públicamente que nos hemos equivocado, que existen valores morales y que en lo sucesivo haremos lo que sea necesario para fundarlos e ilustrarlos, eso podría ser el comienzo de una esperanza?".

El testimonio de Ana Politkovskaia ha dejado semillas que sin duda germinarán. Aunque no lo parezca, ciertas actitudes tienen todavía hoy en este tiempo de indiferencias, un valor ejemplar. No son pocos los intelectuales que hoy luchan porque se mantengan abiertas las puertas de acceso a un mundo de valores morales, en el que la razón se imponga al odio y a la violencia.

J. M. PUIGJANER, escritor y periodista.