CANELA FINA
El pasado 6 de septiembre, la aviación israelí destruyó en Siria un reactor nuclear en construcción. Fue una operación fulminante de la que ha dado cuenta un diario norteamericano que es el más influyente del mundo. Jerusalén no está dispuesto a que en su entorno se produzca armamento capaz de destruir a la nación judía.
Se ha olvidado ya que, en 1981, la fuerza aérea israelí aniquiló en el Iraq de Sadam Husein el reactor atómico de Osirak a las pocas se-manas de que entrara en funcionamiento.
Recuerdo muy bien que, al término de la guerra de los Seis Días, Moshe Dayan declaró en una multitudinaria conferencia de prensa: «Impediremos que las naciones islámicas cercanas a Israel dispongan de una fuerza militar amenazadora para la integridad de nuestro país». Ni una broma con este asunto. Los israelíes saben demasiado bien que si los árabes pudieran les echarían al mar. El ataque norteamericano a Iraq no es, sustancialmente, el producto de intereses petrolíferos, como reiteran hasta la náusea comentaristas desinformados. Estado Unidos atacó a Iraq por exigencias israelíes. El planteamiento de Sharon a Bush se resume así: «Iraq dispone ya de misiles para asolar a Israel. Su dictador es un loco que aspira a convertirse en el rais de todos los árabes. En cualquier momento puede dar la orden de aniquilar a Israel y o atacas tú o ataco yo. Si ataco yo, se levantará el mundo árabe y a ver cómo resuelves la papeleta. Si atacas tú, una parte sustancial de las naciones árabes estarán contigo».
José Luis Sampedro, en su libro revelador Los mongoles en Bagdad, explica la motivación profunda de la guerra de Iraq: «...la reordenación de toda esa área mundial para dar seguridad al Estado de Israel».
Teherán dispone ya de misiles capaces de alcanzar con precisión territorio israelí. El desarrollo nuclear persa avanza imparable. Estados Unidos, que sólo necesitó tres semanas para derrotar a Sadam Husein en la guerra de Iraq, se muestra impotente para dominar la guerrilla terrorista. A Israel le convendría que los americanos destruyeran las instalaciones atómicas de Irán. No parece probable que un Bush zarandeado por sus cámaras legislativas dé ese paso, a pesar de la impaciencia con que el vaquero suele desenfundar su revólver. Por eso la fuerza aérea israelí está alerta, dispuesta a realizar una operación similar a la que hace unas semanas llevó a cabo con éxito sobre Siria. Israel, en fin, atacará antes de ser atacado. Esa operación puede salir bien para los intereses judíos, puede también provocar un incendio en Oriente Medio de consecuencias difíciles de calcular. Putin, que no se resigna a la marginación de Rusia, se ha apresurado sagazmente a viajar a Teherán abriendo de hecho un frente de Guerra Fría, con el fin de frenar la hegemonía americano-israelí sobre la zona. Bush no se ha andado con chiquitas y ha advertido al dirigente ruso que su apoyo a Irán podría desencadenar una tercera guerra mundial. Coño, qué cosas.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.
© Mundinteractivos, S.A.

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