El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha recortado siete décimas su previsión de crecimiento económico para España en el año 2008, hasta el 2,7%. También lo ha hecho para el conjunto de la Eurozona, aunque con menor intensidad, cuatro décimas menos, para dejar la previsión en el 2,1%. Es decir, un recorte bastante similar en términos relativos, ya que nuestro pastel es mayor y sufre una amputación también de mayor cuantía. Al final, si estas cifras se cumplen (el papel lo aguanta casi todo), seguiremos en condiciones comparativas favorables, es decir, creciendo claramente por encima de la media europea, lo que significa que se reducirá un año más nuestra distancia en grado de bienestar económico respecto al conjunto de la zona euro.

El mayor recorte que el FMI le propina a la economía española tiene alguna lógica habida cuenta de que el problema central al que se enfrentan las economías en estos momentos es el de la disponibilidad de financiación y en particular el sostenimiento del floreciente negocio inmobiliario. En España, el crecimiento de la economía se ha sustentado en estos últimos años en mayor medida que en otras economías próximas en la expansión del sector de la construcción, particularmente de la construcción de viviendas. Es lógico, por lo tanto, que si este sector está llamado a conocer una significativa reducción de expectativas, el PIB español sufra con mayor intensidad que el de nuestros vecinos el recorte de las previsiones.

Pero, ¿se pueden dar por buenas las previsiones del FMI, incluso si resultan bastante diferentes a las del Gobierno y, en cualquier caso, bastante más pesimistas? Para los suspicaces, el hecho de que nos encontremos en plena campaña preelectoral y que Rodrigo Rato sea todavía hoy el máximo responsable del FMI, puede tener alguna relevancia. No deja de resultar llamativo que el organismo que ha presentado las previsiones (hasta la fecha) más negativas sobre el futuro económico español, sea uno que cuenta entre sus directivos al más alto nivel con un simpatizante nada sospechoso de pertenecer al PP. Pero el FMI no necesita a políticos en tránsito para equivocarse a la hora de hacer predicciones sobre la economía española. Se basta por sí solo. Tiene una acreditada trayectoria en este sentido.

Las mejores previsiones económicas sobre la economía española son las que manejan casi siempre las autoridades españolas y los servicios de estudios domésticos, por encima de la capacidad, aún por demostrar, de los organismos internacionales, que han sido habitualmente reverenciados en nuestro país sin causa que lo justifique en lo tocante a previsiones económicas. Lo dicho no es solamente válido para el FNI, también pueden compartirlo instituciones como la OCDE, al Comisión Europea y algunos otros organismos privados de prestigio. Aquí, en España, solemos hacer poco caso a nuestros propios expertos, que a la hora de la verdad son los que atinan porque conocen mejor el terreno que pisan.

Y los expertos domésticos, tanto del área Solbes como los del banco de España, los del INE o los de entramados privados, están manejando previsiones para el año que viene ciertamente menos favorables que las del año 2007, pero significativamente mejores que las que nos llegan desde fuera. Que la economía española va a crecer menos en el año 2008 que en el año que estamos finalizando lo admite todo el mundo. La cuantía del recorte es lo que ofrece matices diferenciales importantes.

Por lo general, las previsiones domésticas están mejor apuntaladas y recogen un retroceso que llevaría al PIB español hasta la zona del 3%, décima arriba, décima abajo. Es indudablemente un buen resultado, del que se podría decir que lo firmamos ahora mismo, siempre que variables difíciles de controlar como el precio del petróleo no generen cataclismos inesperados. La reciente crisis de las hipotecas basura está teniendo en nuestro caso un impacto bastante marginal. El hecho de que el sector inmobiliario se repliegue y abandone el expansionismo de estos últimos años estaba ya en las cuentas de casi todo el mundo.