Este país es muy raro, raro, raro, de Ángel Expósito en La Vanguardia
EL MIRÓN PERPLEJO
Hay frases hechas por personajes más o menos freakies que se graban en el subconsciente: "en dos palabras: im-presionante", "estás en el candelabro", "facineroso" o aquella de "raro, raro, raro". Pues bien, basta echar un ojo a las noticias de esta semana para comprobar que la última expresión le va que ni pintada a este nuestro país.
Es muy rarito que en un Estado democrático, occidental, consolidado y que forma parte de los grandes, se monte el gran lío por su propia bandera constitucional. Atrás quedaron las imágenes de Zapatero junto a Ségolène Royal junto a una enorme enseña francesa y bajo una atronadora Marsellesa o el desfile de soldados españoles por los Campos Elíseos de París con otra gigantesca tricolor colgada del Arco del Triunfo. ¿Nos imaginamos lo mismo aquí?
Es chocante que quienes pitaron a Zapatero en el desfile lo hicieran a la vez que se honraba a los caídos en Líbano y Afganistán, cuando dos familiares de cada uno de los muertos marchaban tras el Rey y el presidente. O que los militares no puedan ir de uniforme ni en su coche particular, no ya por un posible atentado, sino porque alguien por la calle les ponga de chupa de dómine.
Resulta increíble que la policía vasca actúe siempre con la cara tapada como parte de su propio uniforme no porque puedan atentar contra ellos, sino porque les pueden linchar a lo bestia en su pueblo. Y lo peor es que vemos con toda normalidad la anormalidad.
En clave exterior, tres cuartos de lo mismo: Nos obnubila el milagro chino e ignoramos como si nada a los miles de ejecutados por el régimen. Y aún decimos que anuncian una apertura para dentro de diez años. O elogiamos al régimen cubano y homenajeamos al Che, sin pensar en las leyes contra los homosexuales o las condiciones de los presos.
¿Cuánto aguantaríamos allí cualquiera de nosotros libremente? Hasta aplaudimos que una niña pueda lucir un velo en un colegio porque su religión así lo indica. ¿Y si luego le piden que se ponga un burka?
Será curiosa la marimorena que se liará cuando el comité olímpico ponga letra al himno nacional sólo para que podamos cantarlo en un estadio deportivo. Y no nos da ni corte. Por otra parte, resulta muy ilustrativo que tras el nombre de un juez pongamos las siglas del partido político que le propuso para su puesto orgánico. (Si Montesquieu levantara la cabeza…)
O que los periodistas sepamos tanto de todo. Absolutamente de todo. ¡Qué estúpido es el mundo!, al no percatarse de que un solo tertuliano español podría ser secretario general de la ONU, director del FMI, seleccionador nacional de fútbol y número uno del ranking de toreros. Todos en uno.
Por no hablar de la madre del cordero, que es la energía. Mira que es extraño que rechacemos de plano la energía nuclear y nos gastemos un pastón en comprar electricidad proveniente de centrales atómicas francesas, como si un accidente allí no nos contaminara aquí. Eso se llama demagogia.
Se me ocurren mil y una extrañezas más, pero no me caben en el artículo. Mira que somos raros, raros, raros, como dijo el clásico.
El Awacs iba trabajando
Sólo una unidad de las que desfilaron el viernes en Madrid iba trabajando, lo que se dice trabajando. Era el avión Awacs de la OTAN, con base en Alemania, que controlaba el espacio aéreo en 400 kilómetros a la redonda de sí mismo, prácticamente todo el territorio español. A bordo iban 16 personas entre pilotos y técnicos. Ya había estado en España para controlar la Copa del América de vela en Valencia.
Felipe regatea su homenaje
Meses atrás los fontaneros del PSOE aseguraban que el 28-O, vigésimo quinto aniversario de la victoria de Felipe González, se celebrarían fastos con el ex presidente como protagonista. Ahora, las agendas no coinciden. Una exposición itinerante ilustrará los logros socialistas por todo el país y se llevará a cabo una conmemoración en el hotel Palace, sede socialista aquella histórica noche. Lo que se desconoce, de momento, es si Felipe aparecerá.
Cuba después de Raúl
Que algo se mueve en Cuba es evidente, pero sobre la profundidad de los cambios hay serias discrepancias. España piensa que hay que ayudar a esas reformas desde dentro, de ahí la nueva etapa de relaciones, pero desde Estados Unidos aseguran que la clave está en el día después de Raúl Castro porque a Fidel lo dan ya por descontado. Piensan en Washington que la clave está en qué sucederá cuando muera el sucesor de Castro, o sea, el otro Castro.
