Cuando se mira atrás en estos tiempos de confrontación, asombra el consenso que se logró en la Transición hacia la democracia. ¿Cómo fue posible pactar una reforma económica en 1977 para frenar un paro galopante y una inflación superior al 40% sin caer en tentaciones demagógicas tras la Guerra Civil, con la dictadura aún por enterrar? “Quienes piensen que hoy podría haber unos Pactos de la Moncloa están fuera de la realidad”. Lo proclama Santiago Carrillo quien, junto a Manuel Fraga, participó ayer en Madrid en una mesa redonda organizada por la Fundación de Ernest Lluch, el dirigente socialista catalán asesinado por la banda terrorista ETA en el año 2000.
Carrillo, ex secretario general del PCE, hizo un llamamiento para encontrar un estilo democrático, donde se eliminen de las relaciones políticas “la ira, los desafíos, los insultos” y se encuentre una forma “honesta, sana de defender las posiciones de cada cual”. A su juicio, España está todavía “en mantillas” respecto a la convivencia democrática “y corremos el peligro de tirar demasiado de la cuerda”, advirtió.
No había forma. El público centró la mayoría de sus preguntas en la confrontación actual, como si los protagonistas de entonces fueran los custodios de la fórmula mágica de la convivencia española. Fraga, ex presidente de Alianza Popular, esbozó aquella época de pacto y, señalando con la barbilla el edificio del Congreso cercano, donde a esa hora se aprobaba la ley de memoria histórica, sentenció: "Todo lo que se hizo es buscar no lo que nos separaba, sino lo que nos unía. En estos momentos sería muy bueno continuar sin confundir la memoria histórica con las dos peores partes de la misma".
Agarrados a sus bastones y a sus recuerdos, Carrillo y Fraga eran preguntados por un reducido público en un auténtico acto de memoria histórica convocado con motivo del trigésimo aniversario de la firma de los Pactos de la Moncloa. Un acuerdo “histórico que no se da más de una vez” en la vida de un país, decía Carrillo en el debate moderado por Joaquín Estefanía, ex director El País, y en el que también participaron el economista Manuel Lagares, uno de los autores de aquella reforma, y Txiki Benegas, dirigente socialista, treinteañero entonces, que luego colaboró en la elaboración de la Constitución. Ninguno de ellos quiso valorar la ley de la memoria histórica durante el debate: “No toca ahora”, zanjó Carrillo.
Fraga recordó con emoción la figura de Enrique Fuentes Quintana, el verdadero artífice de los Pactos de La Moncloa. Vicepresidente para Asuntos Económicos del Gobierno de Adolfo Suárez, Fuentes Quintana “contribuyó poderosamente a hacerlos posibles, lo mismo desde los lados más creativos como con su intransigencia cuando algo no era posible”. A punto de cumplir 85 años, Fraga desplegó esa memoria de la que hace gala y trajo a la memoria aquella época, cuando los sindicatos pedían aumentos salariales del 40%, acordes con la inflación.
Fiel a su estilo, el ex presidente popular evocó la crisis del petróleo de entonces y la proyectó hacia la situación actual, donde el barril de crudo llega a los 90 dólares y economías como la española “dedican parte de su producción agrícola a la producción de biocombustibles”. Tras esa disgregación, regresó a aquel tiempo extraordinario: “No fue fácil”.
“España tuvo la suerte de tener una generación política que sabía lo que quería y tenía las ideas claras de lo que no quería”. Benegas resaltó que sobre todos ellos planeaba “el peso del fracaso republicano por un golpe militar” y los posteriores 40 años de dictadura. Explicó que Suárez les planteó la necesidad de alcanzar los pactos económicos y, a su vez, la izquierda aprovechó para reclamar medidas políticas urgentes. Entre ellas, la prohibición de la censura previa, reforzar el derecho de asociación sindical, despenalizar el adulterio y el amancebamiento o la derogación de la estructura del Movimiento Nacional.
El PSOE tenía entonces una dificultad porque UGT se oponía a la reforma mientras CCOO la apoyaba. Sin embargo, el secretario general socialista, Felipe González, reaccionó con rapidez al darse cuenta de que el primer partido de la oposición no podía quedarse fuera de ese “sacrificio compartido”. El joven Benegas siempre recordará una imagen que simboliza la responsabilidad política de esa generación: Fraga presentando a Carrillo en una conferencia del Club Siglo XXI.
Una noticia, 30 años después
Lagares, discípulo del recién desaparecido Fuentes Quintana, hizo un relato sobre cómo se fraguaron los Pactos de La Moncloa. Reveló que todo comenzó en el otoño de 1965, cuando Fuentes Quintana, catedrático de Hacienda Pública que le preparaba en la oposición, le explicó la necesidad de abordar una reforma fiscal a través de un acuerdo político “cuasiconstitucional”. Ya en 1972, un grupo de funcionarios jóvenes, entre los que se encontraba Lagares, elaboraron un Libro Verde sobre la reforma fiscal española y que sirvió de base para la reforma económica posterior.
Una de las claves residió en los especialistas que elaboraron el programa económico: “Conseguimos un consenso entre los técnicos que luego iban a asesorar a las fuerzas políticas”. En el grupo redactor se encontraban Raimundo Poveda, Blas Calzada, José Luis Leal y el propio Lagares, con Julio Alcalde proporcionándoles datos macroeconómicos.
Treinta años después, Estefanía consiguió confirmar una noticia: que Carrillo y Suárez habían cerrado con antelación los Pactos de La Moncloa, firmados el 25 de octubre de 1977. El ex secretario general del PCE le reconoció que sí, que en febrero de ese año ya acordaron abordar una reforma económica. Benegas terció: “Por eso les llamaban la pinza”. Y Carrillo replicó al socialista: “La pinza porque nosotros éramos un grupo parlamentario y vosotros unos estudiantes progres”.

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