EL APUNTE
Llegados a este punto en el que nos encontramos entre Fráncfort, Venecia, Companys, papeles de Salamanca, banderas y fotos quemadas, uno puede decidir salirse del camino por la puerta más cercana. Esas que hay en los castillos del Terror ante posibles ataques de miedo. Durante la gala del Planeta me encontré a muchos hombres de la cultura que han decidido hace tiempo coger el peor atajo posible: el camino del avestruz que esconde la cabeza. No es la primera vez que la cultura actúa así. Lo hizo cuando Pujol construía su imaginario país y vuelven a caer en el mismo error. La diferencia es que el mundo de CiU nunca controló, ni tocó, ni supo qué era la Cultura de verdad. Los hombres de Esquerra, con Carod y Bargalló al frente, también se encuentran en ese proceso generador de un imaginario ideal fundamentado ahora en la cultura. Si las personas que sustentan el encefalograma del país para que se mueva se esconden y enmudecen su voz, volverá a ocurrir lo que ya pasó durante aquellos años del cerrado pujolismo, tan bien escenificado por Boadella en su Ubú. Hay que hablar para que la cultura siga.
alex.salmon@elmundo.es
© Mundinteractivos, S.A.

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