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17 Octubre 2007

Muy orgulloso de ser extranjero, de Lázaro Covadlo en El Mundo de Cataluña

BULEVAR

La pasada semana el líder de la oposición soltó un discurso en el que se manifestaba orgulloso de ser español. Me complace que don Mariano Rajoy encuentre tan fácilmente un motivo de felicidad, el sentimiento de orgullo es fuente de bienestar psíquico: En mi lejana niñez, un compañerito del cole era pelirrojo y se decía orgulloso de serlo. «Pelirrojo y a mucha honra», clamaba. A mí me resultaba extraño que alguien pudiera enorgullecerse por un atributo accidental, puesto que el chico no había obtenido su pelirrojez por esfuerzo y mérito propio, sino por la lotería de la genética.

Supongo que saberse natural de cualquier nación (por la lotería de la genética) contribuye a reforzar la ilusión de la identidad, aun cuando el beneficiario no haya podido decidirlo en el momento de nacer. Un accidente, tan sólo un accidente. Si Rajoy hubiese nacido un centenar de kilómetros al sudoeste sería portugués y ahora estaría proclamando su orgullo lusitano.

Por mi parte, pese a tener pasaporte y carné de identidad español, no creo tener identidad alguna (sólo carné). Hablando claro: me siento orgulloso de ser extranjero. No sólo en este país, también en Argentina, territorio en el que nací, hice el obligatorio servicio militar, y viví más de 30 años. Si es por tener documentos de identidad, igualmente los tengo de allí, donde siempre me he sentido extranjero, lo mismo que en todas partes. Están los que se dicen orgullosos de ser catalanes o vascos, otros de pertenecer al Barça o al Real Madrid. Si es por orgullo, podrías sentirte orgulloso de ser de Vodafone, de la Telefónica, de la Coca Cola o del whisky de Tennessee (que es mi preferido). En mi caso, me siento orgulloso de ser extranjero en todas partes. Mi extranjeridad no es un accidente de nacimiento: me la he ganado a pulso. No me gustan las patrias ni el nacionalismo (menos todavía el de parroquia, al que ahora llaman «periférico»). Me gusta ser extranjero de alma porque así evito verme mezclado con las turbas patrioteras.

Los patriotas me miran mal cuando digo que siempre seré extranjero. Allá ellos. Son pocas las cosas de la vida que se pueden elegir, yo al menos elijo ser extranjero, lo cual no me obliga a renunciar a la protección que debe proporcionarme el país en el que habito y trabajo, faltaría más.Tengo la convicción de que la nacionalidad es cosa virtual. Leo que los miembros de una pareja se eran infieles por internet. Cuando cada uno de ellos acudió al encuentro con su amante virtual ambos descubrieron que se trataba del real. Se divorciaron, y no me parece razonable: Hubieran podido contraer un nuevo matrimonio, esta vez virtual. Las relaciones por internet tienen la ventaja de que en ellas, se evitan los malos olores, los gritos destemplados y demás miserias de la cotidiana convivencia.Digo que si ser patriota de una nación es necesariamente obligatorio, elijo serlo de una que sea virtual, aunque creo que el Reino de Redonda ya está superpoblado.

www.covadlo.com

© Mundinteractivos, S.A.

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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