Peirano retrucó las opiniones de Rodrigo Rato sobre la inflación. El ministro participará de la Asamblea del Fondo y sondeará un acercamiento con el Club de París. Kirchner le da un papel que le negó a Miceli.

Néstor Kirchner esta vez se calló. Fue Miguel Peirano, el ministro de Economía, el encargado de retrucar las opiniones de Rodrigo Rato, el director del FMI, acerca del peligro que significa la inflación reprimida para la economía en la Argentina. El Presidente disfrutó muchas veces del saldo político interno que arrojaron sus confrontaciones con el Fondo. ¿Por qué ahora no? ¿Por qué el silencio, al menos en el tiempo de mayor fragor, cuando faltan menos de dos semanas para las elecciones que definirán la continuidad o no de su proyecto?.

Podrían invocarse dos razones. Peirano estará esta semana en Washington asistiendo a la Asamblea Anual del FMI. Entre sus conversaciones informales figura la posibilidad de afianzar una negociación con el Club de París para abrir algún acuerdo que permita a la Argentina cancelar la deuda con el organismo de 6.200 millones de dólares. El ministro tiene previsto dialogar con el secretario del Tesoro, Henry Paulson, y con el futuro titular del FMI, el francés Dominique Strauss Kahn. Para comenzar a transitar ese camino arriscado hará falta decisión y una dosis importante de representación política.

La ubicación de Peirano en esa línea de fuego tenga, tal vez, otra explicación. La negociación con el Club de París está todavía con forma de embrión. El FMI abrirá durante su Asamblea Anual una discusión acerca de sus objetivos estratégicos que fueron colocados en tela de juicio no sólo por las naciones emergentes desde fines de la década pasada. Aquellos dos procesos llevarán tiempo. Y si Cristina Fernández se impone el último domingo de octubre es muy probable que aquel tiempo deba ser navegado por el propio Peirano.

Tal vez Kirchner también haya aprendido una lección. En épocas pasadas vació de protagonismo y de poder a Felisa Miceli. Es verdad que la mujer hizo nada para ganar una u otra cosa. Cuando adquirió notoriedad fue por la bolsa con dinero hallada en su baño ministerial. Pero esa debilidad la inhabilitó para siempre cada vez que tuvo interlocutores de talla en el exterior.

Rato metió, de todos modos, su dedo en la llaga de la campaña electoral. Hablar de la inflación es hablar del tema excluyente que inquieta a la sociedad y que sirve de bandera a la oposición para mortificar al Gobierno. Podría haber para la conducta del español por lo menos tres explicaciones. Primera: la inflación solapada existe y no se encauza con mecanismos de control de precios, como los que vuelve a ensayar el Gobierno, que están ya oxidados. Segunda: Rato nunca tuvo simpatías políticas y económicas con Kirchner. Durante sus tres años en el FMI sólo recibió quejas y críticas de parte de la Argentina. Tercera: su sucesor será a partir de noviembre Strauss-Kahn, convertido por el Gobierno argentino en la hipotética contracara de Rato y en la llave que gatille un acuerdo con el Club de París sin interferencias del Fondo.

¿Será posible?Ese objetivo constituye una de las prioridades de Cristina. La candidata oficial habló sobre la cuestión en sus visitas a Francia y Alemania. Jorge Taiana, el canciller, tuvo conversaciones similares por cuerdas paralelas. Aquel acuerdo inmaduro, figura en los planes de todos los candidatos con chances de acceder al poder -también de Elisa Carrió y de Roberto Lavagna- para darle sustentabilidad al crecimiento económico de los años venideros. Hace pocos días, en un foro empresario, Cristina dijo algo más: mejor flujo de las inversiones ayudará a combatir la inflación", sinceró.

Las reglas del Club de París exigen que cualquier nación tenga previamente un acuerdo con el FMI antes de abordar la reestructuración de una deuda. Esa exigencia choca con la intención de Kirchner que manifiesta su vocación de pago pero se resiste a cualquier monitoreo del Fondo. Esa distancia no ha sido saldada más allá de las diferentes expresiones de buena voluntad.

Kirchner aspiraría a que antes de fin de año, cuando deba ceder el mando, su Gobierno haga una propuesta formal al Club. Y a partir de ese momento se agilicen las negociaciones. Será una de las misiones que Peirano cumplirá en Washington: tantear el clima que existe entre los miembros de aquella organización. Bastante dependerá de lo que ocurra en la Asamblea.

El ministro de Economía tiene previsto no mezclar los temas. El debate en torno al FMI promete ser ardoroso y dificilmente se zanje con avances concretos. Varias naciones proponen una redistribución del voto en el organismo para atenuar el peso que imponen los poderosos. Esa iniciativa cuenta con el aval de los países emergentes, entre ellos la Argentina. También se plantearán distintas formas a partir de las cuales el FMI podría buscar salir de su actual estancamiento y estado de crisis.

Al plenario del FMI lo acompañará el del Banco Mundial. El timón de esa entidad fue tomado en julio por Robert Zoellick, ex funcionario influyente de George Bush, tras la renuncia de su predecesor, Paul Wolfowitz. El Banco Mundial intentaría adquirir mayor influencia entre los países mas pobres y de ingresos medios, para lo cual ajustaría sus políticas de financiamiento.

En esa atmósfera de puja de liderazgos, intrigas e intereses la Argentina intentará esta semana hallar alguna hendija para colar sus problemas y esperanzarse con un horizonte de luz.

http://www.clarin.com/diario/2007/10/17/elpais/p-00701.htm
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