PRISMA

El domingo temprano, voy a comprar el periódico y leo en primera página que las encuestas dicen que Montilla es el president de la Generalitat más valorado por los catalanes. ¿Dónde deben hacer las preguntas de la encuesta? ¿En la calle Nicaragua, sede del PSC? No lo creo, ahí tampoco saldría Montilla tan valorado.Claro que al seguir leyendo observé que competía contra Artur Mas. No le vale con quitarle por dos veces la presidencia con oscuros pactos, sino que además, se lo restriega por la cara.Ellos saben cómo distraerse haciendo entrevistas a medida para que quien pague la encuesta, gane siempre.

Sigo repasando las páginas del periódico y veo la imagen de Rajoy con la banderita española en la mano en el desfile militar, que le remonta a su más tierna infancia. Como cuando Eisenhower fue recibido por una legión de niños y mayores obligados ese invierno de 1959 a recibir con 60.000 banderitas americanas pagadas por el régimen, al único presidente norteamericano que se atrevió por interés, a dar la mano a la dictadura de Franco. En la foto Rajoy era firme candidato a un papel de Berlanga en Bienvenido Mister Marshall.

En la siguiente página me detengo a leer atentamente el nuevo slogan de Zapatero, que sin estar en campaña está de gira (como Rajoy): "La España de la serenidad". Serenidad es la palabra clave. Igual que hizo Mitterrand en Francia, pero con una diferencia, nuestro presidente no es un estadista y está por ver que pase a ser un personaje para la historia. No disfrutan de esa serenidad los usuarios de Renfe y Fecsa, no tiene serenidad la abstención que aumenta sin parar, ni la monarquía a la que queman en las calles como si esto fuera Bagdad. Y nada de lo dicho es culpa del PP. En estos tiempos revueltos, los socialistas critican la crítica y la califican de destructiva, mientras que la derecha sale a la calle y grita libertad.

El mundo al revés. A diferencia de Suárez, Tarradellas, Felipe Gonzalez o Pujol, los líderes políticos de la actualidad anteponen su partido al cargo que ocupan, aunque perjuran en la noche electoral que gobernarán incluso para los que no les han votado, se olvidan a la mañana siguiente y se limitan a seguir las órdenes de sus 'barones'. Vivimos años de cabreo permanente provocado por los que sólo saben aferrarse al sillón de la política como si de su coto privado se tratara. El resto, observamos, callamos y esperamos tiempos mejores. Hace unos años se creó en España una asociación ciudadana bajo el nombre "Ciudadanos Agobiados y Cabreados" llegaron a presentarse a unas elecciones y sacaron un buen puñado de votos aunque se quedaron con su cabreo y sin representación en el Congreso.

Los que hoy nos piden serenidad utilizan el insulto como arma arrojadiza entre ellos, incluso con los suyos: Entre Acebes y Piqué, entre Más y Durán, entre Montilla y Maragall, entre Puigcercós y Carod, Ya lo dijo Felipe González en una conferencia: lo más duro es descubrir que los peores enemigos los tienes en casa.Si entre ellos no se entienden, ¿cómo entenderles nosotros? Tras leer estas informaciones, descubrí una vez más que los periodistas estamos perdiendo la rebeldía y la independencia a la que nos obliga la profesión, para ser comparsa del poder, sea en el gobierno o en la oposición. Perdí la serenidad del domingo al leer el periódico.

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