Yosif el Terrible ha regresado a Barcelona y ello merece una pausa. El viejo Koba, también llamado el Temible, ha decidido volver a la capital catalana, donde ya tuvo tiempo de explayarse, pongamos en mayo de 1937, fecha recordada por algunos con desconcertante nostalgia. Bueno, evitemos las metáforas, no vayamos a ser acusados de fomentar los malentendidos: no era él en persona quien entonces pisó las calles barcelonesas, claro. Fueron sus agentes y sicarios los que aterrizaron aquí con una eficacia espectacular. Los mismos que, por poner un ejemplo, asesinaron al escritor y político Andreu Nin y, luego, para matar también su recuerdo, le difamaron acusándole de traidor y fascista.
El dictador sanguinario ha vuelto. Lo ha hecho gracias al magnífico arte del actor y director Josep Maria Flotats, quien nos ofrece el montaje Stalin en el teatro Tívoli, a partir de la novela Une exécution ordinaire,de Marc Dugan. Amí me gustó y me emocionó el espectáculo de Flotats, así que les recomiendo que hagan un caso relativo de ciertas críticas publicadas y acudan al teatro de la calle Casp. Otras personas que asistieron a la misma función que yo desmintieron rotundamente que se trate de un montaje aburrido, todo lo contrario. Si a usted le interesa el poder y cómo éste envenena la vida al convertirse en poder absoluto, le atrapará lo que ocurre y se dice en el escenario. Además, Flotats compone un Stalin muy verosímil dentro de la sutil caricatura que nos propone. Por otro lado, el resto de los intérpretes, con una estupenda Carme Conesa a la cabeza, completa perfectamente el cuadro sombrío que tiene al tirano como centro indiscutible de la acción.
En el programa de mano de Stalin me extrañó no ver impreso el logotipo del llamado Memorial Democràtic, organismo dependiente de la Generalitat de Catalunya. En cambio, otras veces sí he visto este logotipo como certificado de supuesta autenticidad en algunos productos y actos, incluso en algún cómic que ofrece un relato simplificador, burdo y maniqueo de la etapa de la Segunda República y la Guerra Civil. En fin, el conseller Saura no debe considerar que el estreno mundial de una obra de teatro sobre los crímenes del estalinismo merezca el apoyo de su departamento. Y eso que su Conselleria d´Interior, Relacions Institucionals i Participació cuenta con una dirección general de la Memòria Democràtica que, en un alarde artístico, ha convocado incluso un llamado primer premio 14 d´Abril de teatro, para textos que aborden estos asuntos.
Diríase que lo que Saura y sus colaboradores entienden por memoria democrática es algo muy reducido, sensible sólo a los crímenes de un tipo de dictaduras y no a los de todos los totalitarismos, sean negros o rojos, se perpetren en nombre de una patria, una raza o una clase social. A lo mejor tenemos suerte y Saura empieza a corregirse esta semana, si por casualidad algún ponente del primer coloquio internacional sobre políticas públicas de memoria (término en sí ya bastante inquietante por el dirigismo que desprende) le hace ver que sólo una mirada amplia, plural y justa puede guiar la recuperación y conmemoración del pasado. No obstante, habida cuenta de que el coloquio en cuestión está organizado por su conselleria, no abrigo muchas esperanzas sobre la diversidad de puntos de vista en este encuentro.
No deja de ser curioso que, cuando algunos tratan de hacerse una memoria histórica a su medida (poscomunistas en Catalunya o Zapatero, Llamazares y Rajoy en Madrid), irrumpa en nuestra escena cultural una propuesta teatral que, extrañamente, va en contra de la corriente local dominante. Si Flotats fuera un oportunista y no un artista de prestigio, podría haber ofrecido un montaje similar a partir de las figuras de Hitler o Franco. Estoy seguro de que ello le hubiera regalado un plus de aplausos. Al fin y al cabo, en Catalunya estamos acostumbrados a distinguir finamente entre Castro y Pinochet, entre la China de Mao y la Sudáfrica del apartheid.
Aunque no despierte el entusiasmo de ciertos mandarines, la iniciativa de Flotats conecta, en cambio, con otras novedades culturales de gran calado. Es el caso de la traducción al castellano de la monumental Vida y destino,de Vasili Grossman, o de la llegada a nuestras librerías de un autor como Mijail Kurayev que, en la novela Ronda nocturna,retrata el interior más sórdido del terror estalinista. Son textos que se suman a otros aparecidos anteriormente, como ese sobrecogedor testimonio de los campos de concentración soviéticos escrito por Lev E. Razgon y titulado Sin inventar nada,o el imprescindible texto de Martin Amis sobre los intelectuales de Occidente ante el Moscú de las mentiras. Con todo, y a pesar del coraje demostrado por Flotats al escoger la dictadura de Stalin como asunto, su montaje no se queda en una denuncia ideológica de parte y va mucho más allá.
Lo que vemos sobre el escenario es, sobre todo, un viaje a los mecanismos concretos de la tiranía y del terror que la sustenta, en cualquier época y contexto, bajo el dictado de cualquier doctrina destructiva. Lo relevante no es morir en el gulag o en un campo de exterminio nazi, lo que reclama nuestra atención son los infinitos métodos de cualquier poder absoluto para aniquilar al individuo mucho antes de que éste sea detenido y ejecutado. Flotats nos ofrece una meditación lúcida sobre la metástasis corrosiva de un poder insaciable. Un poder que, en la medida que exhibe su radical deshumanización, se revela - paradójicamente- demasiado humano.

Estic totalment d'acord amb l'art. del Sr. FMA. A mi també em va agradar molt l'obra i la sutil posta en escena de JM Flotats. Em sembla una valentia parlar d'aquest tema i posar sobre l'escenari fins a quin punt les dictadures i els poders extrems són propers. La meva edat em va permetre vitajar al llarg de l'obra al meu arxiu mental de l'any 1975, any en que vaig acabar la carrera, any en que Franco ja molt acabat i el seu govern també, van ser prou forts per signar penes de mort i es varen fer execucions (un d'ells el TXIQUI). Molts raonaments servits en el text més d'una vegada, com el del que el terror ha de ser irracional, em va recordar aquelles cançons com la de Ma. del Mar Bonet "Què volen aquesta gent ...". Carme Conesa amb tota la seva fragilitat davant el Dictador, i Pere Eugeni Font, amb la seva fortales però destrossat (marit) per l'excés de poder, i el seu epíleg final (fill), dues interpretacions esplèndides, amb una il·luminació (FAURA) i una escenografia (J.BERRONDO) completament al servei del text i de l'obra. Només un mestre de l'escenari com en FLotats, compromès i "sense lloguers" ha sigut valent de portar-ho a terme. Per molts anys i ànims!