HOJEANDO / ZAPEANDO
Los anuncios televisivos son los contenidos que más protestas concitan entre esos grupos sociales que antaño se llamaban minorías pero que cada día nos parecen menos minoritarios. El último caso procede del sindicato de enfermería -el mismo que el año pasado ya se alzó contra la presentación de Corporación Dermoestética en medio de minifalderas enfermeras-, que acaba de exigir a la multinacional Unilever que retire su campaña publicitaria de los desodorantes Axe Bom Chicka Wah Wah, colocada en internet, porque en su opinión frivoliza la imagen de los profesionales sanitarios y denigra a la mujer. El sindicato clama porque en la campaña muestran a tres doctoras «para establecer continuas referencias sexuales a través de vídeos», y afirma que puede vulnerar la Ley General de Publicidad por presentar en los anuncios a la mujer de forma vejatoria o discriminatoria.
Pues es posible que esa campaña sea todo eso, y la denuncia debe ser tomada en serio. Sin embargo, uno sigue sin entender del todo por qué la publicidad concita lo esencial de la protesta de los grupos minoritarios -ya sean mujeres, inmigrantes, homosexuales...- y otros contenidos de los medios informativos salgan casi siempre de rositas. La publicidad no deja de ser una ficción, con actores y actrices bien pagados, que intenta llamar la atención chocando, creando la controversia, o la risa, o la sorpresa... Y en las campañas de Axe los hombres-objeto nos parecen tan frecuentes como las mujeres-objeto.
No nos consta, sin embargo, que nadie haya protestado por la forma de realizar las retransmisiones de acontecimientos deportivos por parte de muchas cadenas de televisión españolas. Parece que todos, incluidos los grupos feministas, estamos ya anestesiados ante la obscena proliferación de cheesecake (pastel de queso), que es como se llama en la prensa anglosajona a las fotos de mujeres guapas con poca ropa, como la de la tercera página del Sun londinense, que se publican sin el más mínimo pretexto informativo.
La pasada semana se pudo ver en muchos puntos de Norteamérica (y en el mundo entero, por internet) el doble choque entre equipos de baloncesto españoles y de la NBA que se disputó en Madrid. La realización fue de Sogecable (se emitió por Cuatro y Canal Plus). Pues bien, los foros anglosajones en la red crepitaban de comentarios entre divertidos, desconcertados e indignados por las imágenes de chicas, entresacadas del público, que saltaban a la pantalla durante el juego, sin ton ni son. «¿Pero quiénes son? ¿Las esposas de los jugadores?», preguntaba desde Toronto un internauta. «No, son espectadoras seleccionadas por lo vistosas que están», le explicaba otro. «En España eso se suele hacer en el baloncesto y en el tenis».
Huelga decir que en Estados Unidos y Canadá eso no se hace nunca. No tiene interés informativo ni relación con el deporte que se televisa. Es una descarada explotación estereotipada de la imagen femenina. Pero lo dicho: aquí nadie se queja.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados