SEÑALES DE HUMO

No es extraño que los pirómanos sean de los primeros en ofrecerse voluntarios para apagar el fuego

Cuando quiere, Mariano Rajoy es un tipo finamente irónico, muy gallego, que incluso cae bien si uno no se toma muy en serio lo que dice. Además, es mejor orador que Zapatero. No obstante, como tantos otros, el líder del PP adolece de un problema de credibilidad. Le cuesta mucho cerrar la distancia que separa al hombre del político, al actor del personaje. Siempre parece estar haciendo lo que las circunstancias dictan, jamás lo que a él le sale de dentro. Da la impresión de carecer de convicciones realmente profundas, de no ser 'auténtico', lo que en un político es algo realmente preocupante. La gente nunca acaba de confiar ni de votar a quienes no le inspiran confianza. Por supuesto, balbucear, como hizo el viernes cuando se le preguntó por los abucheos a Zapatero, que él no lo habría hecho, subraya esa sensación de vacuidad y de falta de cuajo.

No se puede aparecer por la televisión ante la bandera de España e impostando la voz para luego hacer como si nada. No puede uno presentarse ante la ciudadanía igual que el rey o el presidente del gobierno, hablar como si se estuviera al borde de una guerra civil y apelar al patriotismo de los ciudadanos para luego hacerse el despistado, escondiendo la mano que lanzó la piedra. Burdo.Como burdo fue que Rajoy no soltara durante el desfile la banderita que distribuyó el ministerio de Defensa para asegurarse salir de tal guisa en las fotos y los telediarios. En cambio, Zapatero estuvo bien al declarar flemático, que lo de chillarle es ya un clásico. Por cierto, ¿qué clase de patriotas son los que rompen el silencio por los caídos por la patria para asediar al presidente del gobierno de esa su misma patria?

Pese a todo, el PP no va a cambiar de aquí a las elecciones.Cegado el filón de la negociación entre Zapatero y ETA, continuará intentando convencer a los españoles de que España se descuartiza para aparecer acto seguida como la única salvación. No es extraño que los pirómanos sean de los primeros en ofrecerse voluntarios para apagar el fuego. Bien es cierto que el anuncio de Ibarretxe de convocar una consulta sobre el plan que lleva su nombre y las quemas -por parte de un puñado de chavales- de imágenes del rey han dado combustible al PP. Sin embargo, la derecha españolista se basta y sobra para inventarse e inflar como un globo todo tipo de ofensas y crueldades supuestamente cometidas por catalanes o vascos.

Sea como fuere, Rajoy y el PP fracasaron en su intento de calentar el 12 de Octubre. En Cataluña el fracaso fue aún más clamoroso, comparable al de la manifestación españolista de Ciutadans de unos días antes. Yo no vi ni una sola bandera española en ventanas o balcones. Ni a ningún transeúnte portándola. Los ultras sí la blandieron, como cada año. Y quemaron esteladas y fotos de Carod-Rovira, en teoría para responder a los ataques contra la monarquía. ¿Desde cuando en España los ultras son monárquicos? En fin, que los catalanes pasaron del ridículo vídeo de Rajoy y también de la campaña de juventudes del PP, que en sus carteles aseguran con petulancia excluyente 'Somos España', y se fueron de puente al mar o a la montaña con toda la tranquilidad del mundo. Claro que a Rajoy y al PP les importa un pimiento lo que piensen, hagan o voten los catalanes, si no, no hubieran colocado a Sirera de encargado, la mejor garantía para que el partido se mantenga en la oposición y la irrelevancia política en Cataluña.

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