Al Gore, un héroe en el Olimpo ético, de Eusebio Val en La Vanguardia
Nobel de la Paz contra el calentamiento global
El futuro del ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore
Hace casi siete años, Al Gore sufrÃa la experiencia más amarga que puede vivir un polÃtico. Le escamotearon la presidencia del paÃs más poderoso del planeta, a pesar de haber ganado el voto ciudadano, después de una disputa jurÃdicopolÃtica que se prolongó 36 dÃas. Su rival de entonces es hoy un lÃder muy impopular, enfangado en una guerra lejana y abandonado por sus hombres de confianza. Gore, en cambio, aparece como un héroe resarcido, con reconocimiento mundial y con más autoridad moral que nunca. En la sociedad global, no puede haber mejor halago que recibir un Oscar en Hollywood y el Nobel de la Paz. Gore es cortejado con insistencia por sus incondicionales para que se dé a sà mismo otra oportunidad de llegar a la Casa Blanca. Él se resiste a descender del Olimpo ético en el que le han instalado.
El pasado miércoles, partidarios de Gore pagaron un anuncio a toda página en The New York Times (65.000 dólares) en el que le imploraban que se volviera a presentar porque "hay tiempos para los polÃticos y tiempos para los héroes". "Estados Unidos y la Tierra necesitan ahora un héroe, alguien que trascienda la polÃtica de siempre y traiga esperanza real al paÃs y al mundo", decÃa el reclamo, que cuenta con 136.000 firmas de apoyo. Según estos incondicionales, los actuales aspirantes demócratas son buenos, pero "ninguno de ellos posee la combinación de experiencia, visión, prestigio en el mundo y coraje polÃtico que Gore puede aportar a este cargo".
Las especulaciones se dispararon otra vez ayer. Al Gore, en su comparecencia en California para agradecer el premio, se ajustó al guión ecologista. Sólo habló de la "emergencia planetaria" que supone el calentamiento global y de que aprovechará el reconocimiento a su obra para incrementar aún más la "concienciación" internacional. No admitió preguntas sobre su futuro polÃtico.
Por obvia prudencia, Gore no ha querido cerrar nunca del todo la puerta a un nuevo intento de ser presidente. Ha rechazado emular lo que hizo el general William Sherman, figura de la guerra de Secesión, quien en 1884 fue postulado como candidato y quiso cerrar la discusión con una contundente frase que pasó a la historia: "Si me proponen, no me presentaré; si me designan, no aceptaré; si me eligen, no asumiré el cargo". Si bien Gore no ha llegado tan lejos, su candidatura está de momento descartada.
La gran pregunta en Washington es cuál de los aspirantes demócratas a la nominación tendrá el apoyo del ex vicepresidente, salvo que éste prefiera abstenerse de interferir en la campaña. En los comicios del 2004, Gore se apresuró a respaldar a Howard Dean, antes de arrancar las primarias, cuando parecÃa que iba a arrasar. Luego el candidato se hundió y el ex vicepresidente consolidó cierta fama de gafe. Se dice ahora que Gore descarta apoyar a Hillary Clinton, por lo que Barack Obama tendrÃa posibilidades de obtener la unción del Nobel. En cualquier caso, su influencia polÃtica ha crecido como resultado del premio.
A sus 59 años, Gore tiene tras sà una larga trayectoria de sensibilidad medioambiental. Comenzó a interesarse por el cambio climático cuando era estudiante en Harvard. Luego siguió prestando mucha atención al tema como miembro de la Cámara de Representantes y más tarde como senador. En 1992 publicó el libro Earth in balance (Tierra en equilibrio). Como vicepresidente de Bill Clinton, fue uno de los promotores del acuerdo de Kioto, que el Congreso estadounidense nunca ratificó.
El Nobel le llega a Gore después de sufrir un rasguño a su credibilidad. Un juez británico ha decidido esta semana que el documental Una verdad incómoda contiene nueve errores graves, entre ellos decir que los habitantes de varios atolones del PacÃfico fueron evacuados a Nueva Zelanda o exagerar el ritmo de aumento del nivel oceánico, por lo que ha ordenado que se exhiba en las escuelas británicas especificando los errores.
El galardón de ayer coloca a Gore en la misma categorÃa que tres presidentes de Estados Unidos que lograron la misma distinción durante el siglo XX: Theodor Roosevelt (1906), Woodrow Wilson (1919) y Jimmy Carter (2002). Este último no cesa de aprovechar su eco mediático para arremeter contra la actual Administración, ya sea con libros -es un escritor muy prolÃfico- o en entrevistas.
