Se viene planteando desde hace tiempo el tema de la idoneidad de Areces como presidente, cuestión muy debatida en el seno del Partido Socialista en muchos ámbitos, aunque siempre con la boca pequeña.

Lo cierto es que el personal de a pie no tenía muy buena opinión del tránsfuga de Perlora, demasiada ambición, y la clase política socialista, aunque se mantenía contenta con el liderazgo arecista, no dejaba de pensar en los abandonos de camaradas que por diversas circunstancias, propias y ajenas, aparecían sembrando las cunetas políticas de esta región.

Su largo virreinato en Gijón, donde se hizo líder de una indiscutible corte de políticos de nuevos cuño. Jóvenes que le secundaron en todos sus largos mandatos como alcalde de Gijón, que pusieron en pie de modernidad una ciudad corroída por una industria poco innovadora en lo estético, Areces supo dar un concepto de reconversión viva a la ciudad de Gijón.

Pero, como dicen algunos castizos, de aquélla ya apuntaba maneras de pequeño Napoleón, aunque eran tamizadas por la cohorte de jóvenes halcones capaces no solo de defender a su jefe, como así solían hacer Villaverde o Gutiérrez Granda, antes de aparecer la nueva troika, entre la que destaca la fulgurante figura de un técnico como Fernández León, que se enrocaba en el establishment cultural gijonés, y que con los años ha pasado a ser el alma máter intelectual del arecismo, al cual le faltaba chapa y chapeta para integrarse en el socialismo, de forma plena, cosa que le vino del «sí quiero». Pero el salto al enclave regional, o sea, hacerse con el poder absoluto de la región, era algo que ya se venía apuntando, y que traía muy acongojado a más de uno en la FSA, pues los más ortodoxos del socialismo veían cómo crecía una ola llamada «renovadora» o «renovata» y que lideraba el presidente Areces, al que ya le vieron las orejas en el primer mandato.

Apostar por un segundo mandato era una cosa imposible, las bases, muchas de ellas, pasaban del candidato Areces, pero la falta de liderazgo socialista, la flojera de Javier Fernández ante la apisonadora arecista que montó aquellas plataformas ciudadanas de apoyo al candidato al que sumaban líderes locales en busca del sillón en la Caja, lo cual hizo que la clase socialista asturiana tuviera que echar la carne en el asador y asarse todos en ella para que las bases se comieran el dulce amargo de Areces como candidato, so pena de verse arrinconados por el aparato paralelo de Areces. Se hicieron esfuerzos de todo tipo para que se admitiera a Areces como candidato, aún había fuerzas para la integración para imponer a la troika gubernamental nombramientos, pero también es cierto que se iban dando situaciones extrañas donde saltaban en mil pedazos fulgurantes estrellas de la clase política, que por una u otra razón abandonaban la carrera política o se iban a determinados retiros dorados; se me vienen a la cabeza unos cuantos consejeros y directores generales que sufrieron ese peregrinaje, otros cambiaban la zamarra de pana para vestir elegantes trajes y ser la punta de lanza del arecismo, cuando no eran más que un operario más de la máquina política socialista.

Poco a poco, el pequeño Napoleón se iba deshaciendo de aquello que les estorbaba y corrió el riesgo en esta última convocatoria en solitario; la FSA, el SOMA estaban ahí, pero los entusiasmos eran pocos por aupar una vez más a Areces al sillón presidencial del Gobierno de Asturias, y razón nos les faltaba pues las caras conocidas del socialismo se han eclipsado por la oscura nebulosa de una cohorte que está todo el día colgada del móvil, dando directrices y consignas, de tal modo que se está dando una extraña eclosión en el Gobierno socialista actual; por un lado, un cambio de contrapesos en primera línea para asegurarse padrinos, de ahí la presencia de consejeros de la vieja estirpe socialista, cada vez más menguados, y recortadas sus funciones por un enjambre de técnicos con ganas de dar la batalla.

Por otro lado, hay un asalto a los segundos y terceros anillos del poder por gentes provenientes del ámbito de influencia de IU, que sin tener carné del partido se ven recompensados por el arecismo, pues le hacen faltan espartanos para la lucha ya que le quedan pocos partidarios de crujirse como hasta ahora lo ha hecho Gutiérrez Granda, que, reventado de trabajar por el arecismo, hoy se ve tirado a la cuneta; es elocuente la queja de Granda cuando dice que ya no tiene línea directa con el Presidente, es ya prescindible como tantos otros.

La diferencia es que Gutiérrez Granda no ha tragado el anzuelo dorado arecista, del buen cheque, y el ya te dirán mis adláteres qué tienes que ir haciendo, y el antiguo compañero ha preferido, tras un buen montón de años, dejar las trincheras del poder oscuro de Fernández León e irse a su antiguo trabajo como aprendiz en Ensidesa, lo que nos debe hacer pensar bastante a todos los asturianos.

Sí esta historia que les cuento no es así, se le parece bastante, se lo juro por Hiram, el Gran Arquitecto.