BULEVAR

Mal de muchos consuelo de tontos, dice el refrán. Sin necesidad de sentirnos memos, confortémonos: hay países más desastrosos que el nuestro. Nos quejamos por el problema de la vivienda, la inseguridad, la estulticia de algunos políticos; el botellón, los repugnantes programas televisivos, la dictadura del nacionalismo parroquial, la deficiencia de los servicios públicos, las carencias educativas, y un dilatado y generoso etcétera. Ah, y la corrupción.Sin embargo, nuestro entorno es paradisíaco comparado con los de otras regiones del globo. Pensemos en Irak, Irán y Afganistán, pensemos en Angola, Guinea, Libia, Mozambique, Haití, Birmania y Corea del norte. La lista es muy extensa, y si buscamos motivos de consuelo, sin ser deficientes mentales tenemos donde elegir.

Claro que también hay países en los que se está mucho mejor, por ejemplo en Europa del norte, donde la calidad de vida aventaja al nuestro en temas como la sanidad, la educación, la vivienda, la seguridad ciudadana y la casi nula corrupción. Finlandia, Dinamarca, Suecia y Noruega son naciones en las que el problema de la corrupción es casi inexistente. En cambio hay países en los que la corrupción es el pan de cada día. ¿Cuáles? Pongamos Argentina, entre otros. La semana pasada un funcionario de la empresa que opera el servicio de despacho de maletas, en el aeropuerto internacional de Ezeiza, fue detenido por hacer un corte con su navaja en una saca que traía una remesa de 350 millones de dólares proveniente de la Reserva Federal de Estados Unidos destinada al Banco Central de Argentina. A este forajido sus compañeros le llaman cariñosamente «el Cirujano», pues es conocida su habilidad al cortar maletas, bolsas y precintos para apoderarse de objetos de valor de los pasajeros. En esta oportunidad se hizo con 80.000 dólares. Posteriormente el juez emitió una orden de allanamiento para revisar el módulo en el que se encuentran las taquillas de los colegas de «el Cirujano». En el transcurso del operativo encontraron tres bolsas con objetos de oro robados de los equipajes de los pasajeros, además de perfumes, relojes y cámaras filmadoras y fotográficas.

Consecuencias: el aeropuerto quedó colapsado y los vuelos se demoraron debido al descontento de la Asociación del Personal Aeronáutico, enfadados los señores porque se habían allanado los armarios de los chorizos y no les fuera respetada la intimidad.

Es que hay que entender que en Argentina, como en tantos otros países, los ladrones institucionales están agremiados. La «coima», que viene a ser el soborno, o «la mordida», es una vieja institución en este sufrido país. También hay que saber que en los aeropuertos argentinos las maletas suelen ser violadas con harta frecuencia y las valijas desvalijadas. Pero si lo dices en voz alta los delincuentes se enfadan y hacen huelga.

Bueno, como es sabido, en todas partes se cuecen habas, aunque en algunos países las habas que se cuecen están podridas. Consuélate.

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