Doris Lessing abre la ciudad de las cuatro puertas, de Luis María Anson en El Mundo
CANELA FINA
La apoyé a fondo hace seis años para el premio Príncipe de Asturias de la Letras, el máximo galardón que se otorga en España a la literatura universal. No resultó fácil ganar la partida porque hay siempre jurados anclados en el aldeanismo de los nombres españoles. Graciano García ha mantenido el pulso firme en la universalización de los Premios Príncipe de Asturias y ha acertado plenamente. Al recibir el galardón en el teatro Campoamor, Doris Lessing pronunció un discurso razonador y profundo. Recuerdo que hablé con ella sobre las culturas de la negritud. Era una anciana vivaz y lúcida. Me gustaron sus ojos bondadosos y sus ademanes contenidos. Me pareció más una profesora de ética que una novelista. Es, en cualquier caso, un extraordinario personaje literario con la mirada del alma puesta en las lejanías.
Escribí entonces y quiero repetirlo ahora que, bajo la escritura translúcida de Doris Lessing, están cantando las hojas de hierba de Walt Whitman y, sobre todo, de Eliot. La novelista británica, que ayer ganó el Premio Nobel de Literatura, vivió en mi querida Zimbabue, en el reino del Monomotapa, del Señor de las Minas, los matabelés expectantes y el ejército de amazonas feroces. En la obra de Doris Lessing se enreda la risa africana, la liana verde, la piel de leche negra, las huellas fugitivas de la educación católica, el cuaderno dorado de la adolescente en rebeldía al final de la tormenta.
La escritora, ya divorciada de su primer marido, se unió a un grupo comunista que lideraba Gottfried Lessing. Tardó años en darse cuenta de lo que Boris Pasternak llegó a proclamar ácidamente: los comunistas no son hombres, son piedras. Y abominó del estalinismo. Pero quedó en pie su posición antirracista, el ademán anticolonial, su dolor por la injusticia, su amor a la naturaleza, las gesticulaciones feministas. Doris Lessing ha sabido reconocer lo que la ciencia ha hecho por la mujer. «No se recuerda -ha dicho- que los años 60 coincidieron con la píldora y la invención de la lavadora. Las jóvenes de hoy no piensan en que son la primera o tal vez la segunda generación de las mujeres liberadas del miedo a los embarazos no deseados. Y esa libera-ción se ha debido a la ciencia, no al feminismo». Doris Lessing es en muchos aspectos Martha Quest, uno de sus personajes más imaginativos y cradores.
Desde Vencido por la sabana en 1950 a La hendidura en 2007, todo un mundo de creación y pensamiento brinca en su obra. Desde los Hijos de la violencia a su libreto operístico The marriages betwen zone three, four and five, Doris Lessing se instaló en la entera literatura, no sólo en la de ficción. Sobre su obra cayó ayer el peso de la púrpura, el manto dorado del Premio Nobel, el nuevo reconocimiento universal a su inteligencia y a su pluma, el sueño dulce, como el título de uno de sus libros últimos. La escritora abrió la ciudad de las cuatro puertas, conforme a una imagen especialmente querida por ella.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.
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