¿PSOE-PP juntos contra ETA? Un espejismo en vísperas de la fiesta nacional, de Antonio Casado en El Confidencial
La comunicación entre el ministro Rubalcaba y el dirigente del PP, Ignacio Astarloa, tras el atentado de Galdácano, parece haber servido para suavizar las reacciones del principal partido de la oposición contra el Gobierno ¿Va en serio o se reserva para la jornada patriótica de mañana después del insólito mensaje "institucional" de Rajoy a los españoles con motivo de la fiesta nacional?
Exagera el secretario de Estado, Fernando Moraleda, al hablar de "las insidias del PP después del atentado". Quienes han sacado los pies del tiesto están lejos de la dirección. A saber: Ana Botella, señora de Aznar, y un concejal de Alcorcón ("Este atentado nos lo hemos ganado a pulso por la política de Zapatero"). El citado Astarloa se limitó a pedir al Gobierno que saque consecuencias en relación con eventuales actuaciones judiciales sobre los disfraces políticos de ETA. Es razonable.
El estado mayor de Rajoy se abstuvo esta vez de echar la culpa al Gobierno por una nueva salvajada de ETA, como si las bombas lapa salieran de Moncloa. No hubiera quedado bien en vísperas de la fiesta nacional y hubiera afeado la patriótica invitación a "sentirse orgullosos de ser españoles por encima de cualquier diferencia ideológica".
El propio Rajoy apeló a la necesidad de "estar unidos para acabar con la banda terrorista". El número dos, Ángel Acebes, se centró en la condena del atentado y la solidaridad con la víctima. Un diario tan poco sospechoso de adicción a la causa del PSOE como El Mundo editorializaba ayer: "Todos los partidos democráticos deberían cerrar filas en apoyo al Gobierno, que es quien debe liderar la lucha antiterrorista" (Lo juro, compruébenlo, si quieren). Y, en fin, el portavoz del PP en el Senado, Pio García Escudero, en su cruce verbal de ayer con Rodríguez Zapatero, tampoco utilizó el atentado contra el Gobierno, aunque sí los símbolos nacionales. Es lo que tocaba.
¿Todo esto en aras de la unidad? Me temo que no. En cuanto pase el 12 de octubre, volveremos a la cantinela de que ETA estaba acorralada por Aznar hasta que la reanimó el pacifismo de Zapatero, verdadero culpable de que ETA haya vuelto a las andadas. Lástima que solo estemos ante un espejismo causado por la necesidad de no empañar la solemne felicitación de la fiesta nacional a todos los españoles desde la sede del PP por parte de su líder, Mariano Rajoy ¿Se imaginan las chanzas que le habrían dedicado a Zapatero por hacer algo parecido no ya desde Moncloa, sino desde la sede del PSOE?
A lo que íbamos. Aunque la opinión pública pide a gritos la unidad de los dos grandes partidos nacionales, de modo que ese objetivo superior no se malogre por la insoportable dinámica de los reproches mutuos, estamos lejos de conseguir una banda sonora común contra el primer enemigo de los demócratas. Al fin y al cabo, un atentado como el del martes es siempre una dosis de recuerdo sobre el hecho de que el País Vasco es la única parte de España donde la Democracia todavía no funciona con normalidad. Pero ese razonamiento, por desgracia, no sirve para poner la unidad por encima de todas las cosas. Por ejemplo, la prisa por recuperar el poder, aún a costa de hacer el juego a los terroristas.
