FERIA DEL LIBRO DE FRANCFORT

Félix de Azúa reúne sus mejores artículos periodísticos en 'Ovejas negras' y denuncia el maniqueísmo y el clientelismo en la cultura catalana y española

La claridad y la firmeza con las que expresa unas ideas que no le rinden cuenta más que a su propia conciencia son dos cualidades que los lectores de Félix de Azúa ya conocen. Y tanto da que lo haga a través de la poesía, la novela, el ensayo o, como sucede en esta ocasión, el artículo periodístico. Lo que no es tan usual es que lo haga de viva voz, como sucedió ayer en la presentación de la recopilación de sus artículos, Ovejas negras (Bruguera), donde el autor se despachó a gusto.

«Lo que sorprende de la Feria de Fráncfort es el servilismo con el que ha actuado la totalidad de los escritores catalanes invitados», declaró. Esa participación «en bloque y sin fisuras» -a excepción de «Sergi Pàmies que no ha querido ir, pero no ha expresado sus razones porque dijo que si lo hacía iría a la cárcel»- es lo que más extraña a Azúa porque es más propia de «un funcionario de la lengua» que de «un verdadero escritor». A este último «le da pereza» participar en un acontecimiento que es como «una feria de ganado» y sobre todo «mucha vergüenza de que lo utilicen para fines políticos».

Aunque Azúa destaca la presencia de grandes autores de las letras catalanas como Quim Monzó, Pàmies, Albert Sánchez-Piñol, Pere Gimferrer o el joven poeta Jordi Ibáñez -«al que no han invitado a Fráncfort», apostilla-, se encuentra perplejo por la facilidad del conjunto de todos los autores catalanes a la hora de «prestarse a un circo patriótico». Y el problema no es la literatura catalana, a la que considera «tan buena como la francesa o la italiana», aclara, sino «la hipocresía del sistema al utilizar el nacionalismo como una herramienta del clientelismo», fustiga.

Pero en la mira del autor de Diccionario de las artes hay un problema de raíz mucho mayor: «El doble rasero del nacionalismo catalán», que redujo la invitación de la cultura catalana «sólo a la literatura en catalán sin un planteamiento claro y limpio». Esa discrepancia entre el discurso y la práctica es «la labor de topo» que Azúa critica.

Y el caso Peri Rossi, escritora expulsada de Catalunya Ràdio por expresarse en español, es un ejemplo de ello. «Lo de Cristina [Peri Rossi] no es una contienda moral sino una lucha para tomar el control de lo medios por parte de ERC y de los nacionalistas más radicales de CiU y PSC, que también los hay», explicó.

Buenos y malos

La de Azúa es la labor pedagógica del intelectual independiente. «En España se puede ser comunista, fascista, maoísta o peronista, pero la de liberal independiente es una posición que no se concibe». La estrechez de miras y «el maniqueísmo de buenos y malos» es, según el autor, la peor herencia de la Guerra Civil. «Si te planteas los problemas como un yo moral autónomo, universal y abstracto, recibes tanto de unos como de otros», explicó. De ahí que reuniera sus mejores artículos, que son como «ovejas negras dentro de la domesticada opinión pública general». Enrique Murillo y Juan Camargo seleccionaron las piezas entre más de 300 textos.

Desde los nacionalismos a la música contemporánea, desde las falacias del mundo del espectáculo hasta la educación actual, Azúa retrata su mundo en 40 artículos aparecidos en los últimos seis años en varios medios. Y al igual que los de sus admirados Azorín o Unamuno, no envejecen porque «procuro que la actualidad pase a segundo plano», señaló. «Veo los problemas tácticos de la pequeña política como problemas estratégicos de conflictos morales o éticos que nos atañen a todos».

Azúa los escribió «con plena conciencia de estar haciendo literatura» por el simple «respeto al lector, que implica un esfuerzo de claridad y limpieza sin la retórica seudoperiodística».

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