EL APUNTE

Como el Cant dels Ocells interpretado por Frank Wolff, lleno de estridencias pero armónico, suave y estremecedor, ayer arrancó la Feria de Fráncfort. Kilómetro cero para el acontecimiento del año. Pueden estar satisfechos los que querían que fuera una feria dedicada sólo a la lengua catalana. Lo han conseguido.Si al president Montilla le hubieran dicho hace veinte años que iba a hacer el papel de ayer y sólo en catalán no se lo hubiera creído. Pero ocurrió. Ni una palabra en su lengua materna, en la lengua de millones de catalanes. Hoy es un día triste. Fráncfort ha acabado por comprar lo fácil. Después de oídos los discursos, hay poco que decir. Bargalló ha hecho bien su trabajo y la silla que ha llevado, aunque le falten patas se aguanta, a pesar de que no represente al invitado: la cultura catalana. Monzó acabó de poner la guinda inteligente. Con palabras efectistas y con su estilo poco protocolario, convenció a un auditorio culto y con mucha claca. Fue lo mejor. Pero, después de escucharlo con cariño, muchos se preguntarán: ¿a qué colectivo cultural pertenece la literatura de Montalbán o Marsé? Qué vacío profundo.

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