LA CRÓNICA
Herido el guardaespaldas de un edil del PSE con un método inédito desde el 2003
ETA intentó ayer en Bilbao el asesinato de Gabriel Ginés, el escolta de un concejal socialista, y lo hizo recurriendo a un atentado con bomba lapa, un tipo de actuación que la banda terrorista no había empleado desde mayo del 2003. La utilización de un artefacto tipo lapa, adosado al coche de la víctima, revela la intención etarra de causar muertos ya que estas bombas sólo se activan cuando el objetivo pone en marcha su coche.
Gabriel Ginés Colás, que ayer tenía el día libre porque su protegido, el concejal del PSE en Galdakao Juan Carlos Domingo, estaba de vacaciones en Valencia, resultó herido de pronóstico grave, pero su vida no corre peligro. La explosión le provocó quemaduras en el brazo derecho y en la cara. Además, otros tres vecinos resultaron con lesiones. Ginés tiene 36 años, es natural de Zaragoza y afiliado al PP. El atentado de Bilbao se produjo el mismo día en que el ministro del Interior anunciaba la intensificación de la vigilancia policial ante el temor de que ETA intentara actuar con motivo de la celebración del 12 de Octubre, como ha ocurrido otros años. La alerta antiterrorista tiene más que ver con el simbolismo de la fecha - la fiesta nacional española- que con la reciente detención y encarcelamiento de la cúpula de Batasuna.
En cualquier caso es el primer atentado perpetrado por ETA desde que la policía descabezó a Batasuna.
No obstante, fuentes policiales destacaron que un atentado de estas características requiere una preparación previa minuciosa para recopilar la información sobre la víctima y conocer sus costumbres, algo que no suele poder hacerse en pocos días.
El objetivo elegido, un escolta privado empleado por la empresa Seguriber, es desde el punto de vista de los terroristas equiparable a un agente de policía, un objetivo asumible por la base social de ETA con más facilidad que el ataque a un cargo político.
Lo ocurrido en Bilbao demuestra que la banda ha decidido pasar al asesinato directo, intencionado y personal. Ya no se trata de que ETA asuma el riesgo de provocar muertes de manera indiscriminada por el empleo de artefactos de gran potencia, como ocurrió el 30 de diciembre en la terminal 4 de Barajas. Se trata de buscar a una víctima potencial, localizar su domicilio, su coche y colocar en él un artefacto que sólo estallará cuando esa persona se suba al vehículo y lo ponga en marcha.
Las especulaciones sobre supuestos propósitos de ETA de atentar, pero sin causar víctimas mortales se han venido abajo con el atentado de ayer. Probablemente, si ETA no ha intentado matar antes es debido a que necesitaba tiempo para que su base social, los miembros de Batasuna y sus votantes, fueran asumiendo que tarde o temprano llegaría el momento de volver a asesinar. La acción terrorista de ayer, por tanto, es la culminación de una etapa de preparación psicológica y política de la izquierda abertzale. Una vez rota la tregua, la ruptura se hace con todas las consecuencias y el asesinato forma parte del catálogo de recursos con el que cuenta ETA.
La explosión que hirió a Gabriel Ginés se produjo a las 13.25 horas en la calle Zamacola, del barrio de La Peña. El escolta había salido de su domicilio y puso en marcha el coche oficial que utilizaba para los traslados del concejal al que protegía. El vehículo, un Renault Megane, avanzó unos metros por una calle estrecha de única dirección cuando se produjo la explosión de la bomba lapa que había sido adosada al turismo. El artefacto, que podría tener un kilo de explosivo, al parecer amonal, estaba situado en la parte trasera, cerca del depósito de gasolina, y no llegó a deflagrar correctamente. Ello evitó la destrucción completa del coche y que su ocupante sufriera lesiones mortales por la onda expansiva, pero provocó el incendio del combustible.
El Renault Megane quedó ardiendo en mitad de la calle, mientras su conductor lograba apearse con quemaduras en el brazo derecho y el cuero cabelludo. A pesar de las lesiones, Gabriel Ginés conservó la sangre fría para llamar por teléfono al centro de coordinación de escoltas y relatar que había sufrido un atentado. Se refugió en el bar Txalos para alejarse del incendio, que, además de a su coche, alcanzó a otros dos vehículos aparcados en las inmediaciones y los calcinó por completo. En el interior del bar fue atendido por los servicios sanitarios durante 45 minutos, al cabo de los cuales entró por su propio pie en la ambulancia que lo trasladó hasta el hospital de Cruces. El parte médico facilitado por el centro sanitario indicó que el herido presentaba quemaduras en el 4% de la superficie corporal. En la cara tenía quemaduras de segundo grado, mientras que en el dorso de la mano derecha eran de tercer grado. El pronóstico médico calificaba su estado de grave, aunque no corre peligro su vida.
Ginés no fue el único herido en el atentado ya que tres viandantes que paseaban por la zona resultaron con daños en los oídos. El atentado se produjo en la zona más concurrida y céntrica del barrio de La Peña, en la calle colindante a la plaza principal y a escasos metros de unos columpios para niños. La fortuna hizo que no hubiese mucha gente en los alrededores en el momento de la explosión. No obstante, sí hubo momentos de tensión y nervios entre los vecinos del barrio ya que la explosión tuvo lugar en las inmediaciones de un colegio.

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