Por si había alguna duda sobre si la escalada violenta de ETA incluía también la ejecución de atentados que causaran víctimas mortales, la banda terrorista acabó ayer con cualquier debate en esta dirección al intentar segar la vida de un escolta por el procedimiento de una bomba lapa en el vehículo. Era un secreto a voces que la proximidad del 12 de Octubre, día de la Hispanidad, era una fecha marcada en rojo por los servicios de seguridad del Estado. El propio ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se había expresado en este sentido y había comunicado su preocupación a diferentes dirigentes políticos. También Batasuna, a través de su portavoz Pernando Barrena, había advertido de lo que podía suceder, tras las detenciones de la dirección abertzale llevadas a cabo por el juez Baltasar Garzón, al declarar la víspera con sorprendente impunidad que el Gobierno "apostaba por un nuevo ciclo de violencia". El atentado practicado en Bilbao tiene, además, un componente humano para la reflexión: el agente de la empresa Seguriber, herido grave en el atentado, es militante del PP y en su actividad profesional protege a un concejal del PSE en Galdakao. Más allá de diferencias políticas, en estos momentos insalvables, entre el partido en el Gobierno y el principal de la oposición, las cosas para socialistas y populares no son muy diferentes a como eran en otros momentos de atentados en el País Vasco. En los últimos meses, la acción policial contra la banda terrorista ha sido eficaz y ejemplar. El número de detenciones ha sido alto y a la banda terrorista se le ha causado un daño importante. Es el momento de tener confianza en las instituciones y pedir a todos los partidos que remen en la misma dirección.
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