Qué pasaría si la mayoría de las personas, empresas e instituciones optásemos por los fondos éticos de inversión para canalizar nuestros ahorros? Pues que estos fondos de inversión que sólo apuestan por carteras compuestas por empresas socialmente responsables marcarían una tendencia clara de fortalecimiento de este tipo de empresas que saben compatibilizar la consecución de beneficios económicos con el respeto de los derechos fundamentales y del medio ambiente.
Encauzar nuestros ahorros hacia la inversión socialmente responsable (ISR) es una buena iniciativa para avanzar hacia un mundo más justo y sostenible. Tengamos en cuenta que los procesos de deslocalización a los países en vías de desarrollo han supuesto un fuerte incremento de la inversión privada occidental en dichos países, hasta alcanzar un volumen económico equivalente a casi cuatro veces la cifra de la ayuda oficial al desarrollo del conjunto de la OCDE. Esta inversión puede suponer un catalizador de desarrollo para dichos países siempre y cuando las empresas actúen según los estándares adecuados de responsabilidad social y medioambiental.
En España, la ISR no acaba de despegar.
Los fondos éticos de inversión siguen sin despertar el interés de los inversores ni reciben el impulso de los bancos y de los gestores de inversión. El patrimonio de los fondos de inversión domiciliados y gestionados en España que cumplen con los criterios de ISR sólo son el 0,5% del total del patrimonio invertido en fondos de inversión mobiliarios. Este dato nos podría hacer pensar que uno de los motivos del estancamiento de la ISR en España es su menor rentabilidad. Un estudio realizado por Esade nos dice más bien lo contrario. De los 35 fondos socialmente responsables o solidarios gestionados en España, 21 tuvieron rentabilidades superiores a sus equivalentes convencionales. Los fondos socialmente responsables con mayor rentabilidad son los extranjeros comercializados en España. Éstos están más orientados hacia la renta variable: 14, de un total de 17, muestran rentabilidades superiores a sus equivalentes convencionales.
La rentabilidad, por tanto, no es un factor que pueda explicar el estancamiento de la ISR en nuestro país. De hecho, su mayor rentabilidad es uno de los motivos que explican los importantes crecimientos anuales, incluso superiores al 20%, del patrimonio invertido en fondos socialmente responsables que se han dado en varios países de Europa durante los últimos años. Hay otras causas que sí pueden revelarnos el porqué de esta asimetría en la evolución de la ISR en Europa y España. Una de ellas es que los bancos y gestores de fondos españoles tienen aún un papel poco activo en su promoción. También se constata una falta de demanda por parte de inversores institucionales. Es el caso de las fundaciones, ONG y entidades religiosas que por sus valores y finalidades son potenciales inversores socialmente responsables.
Tampoco los fondos de pensiones complementarios, ya sean corporativos o de las administraciones públicas, están orientando sus inversiones hacia la ISR; en contraste con lo que ocurre en otros mercados más avanzados, en los que por la presión de los partícipes, sindicatos u ONG, los fondos de pensiones constituyen el núcleo de la ISR.
El horizonte de la ISR en España puede mejorar mucho en los próximos años. Será necesario que se den pasos concretos desde la demanda y desde la oferta, pero también que la administración pública contribuya activamente en su promoción y difusión.
El Gobierno español tiene una oportunidad única para actuar como catalizador de la inversión socialmente responsable. Está en discusión parlamentaria que hasta un 10% del fondo de reserva de la seguridad social, que ya suma la nada despreciable cifra de 45.000 millones de euros, pueda ser invertido en renta variable con objeto de sacarle más rédito económico que el que actualmente se obtiene a través de su inversión exclusiva en deuda del Estado. ¿Por qué no se invierte una parte de ese 10% del fondo de reserva de la seguridad social en fondos éticos de inversión? De esta forma se conseguiría mayor rentabilidad, o sea, más recursos para pagar nuestras jubilaciones futuras, con un nivel de riesgo muy controlado y, sobre todo, se contribuiría a impulsar la inversión socialmente responsable en España, de igual forma que lo han hecho otros gobiernos europeos.
El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales ha afirmado en repetidas ocasiones que tiene la voluntad de promover la responsabilidad social de las empresas, incentivando la adopción de medidas dirigidas al compromiso social, medioambiental y de formación continua. Es el momento de que el Gobierno pase de las palabras a los hechos. La inversión de un porcentaje, por ejemplo un 5%, del fondo de reserva de la Seguridad Social en fondos éticos de inversión representaría un significativo paso adelante.
IGNASI CARRERAS, director del Instituto de Innovación Social de Esade.

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