El obelisco de Calatrava pierde 30 metros, de Carmen Serna en El Mundo de Madrid
Monumento
La obra de Santiago Calatrava medirá 90 metros y no los 120 previstos por una cuestión de viabilidad. Es un regalo de Caja Madrid que tendrá un coste de unos seis millones de euros
Busca ser un regalo emblemático para la ciudad. Algo así como la estatua de la Libertad pero a la española, sin mar y sufragada por una entidad financiera que creyó que, en su tercer centenario de vida, tenía que devolverle algo a Madrid de lo que los madrileños le han dado durante 300 años.
El promotor es Caja Madrid y el presente, el primer monumento del arquitecto valenciano Santiago Calatrava en Madrid. Un obelisco de cobre sobre una lámina de agua, que se ubicará sobre la rotonda de plaza de Castilla.
El proyecto fue presentado en 2004 y tres años después, ayer justamente, la Fundación Caja Madrid adjudicó la importante obra a la empresa Acciona. Empezará a construirse en el mes de noviembre y no estará terminada hasta 2009, cuando se instalará en la zona con más edificios de altura de la capital (las Torres Kio y las moles de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid).
Y eso que, en estos tres años desde que se presentó el proyecto El Obelisco de la Caja, como se conoce el diseño, el mismo ha sufrido un recorte de 30 metros. El nuevo dibujo de Calatrava pasará de medir 120 metros como estaba previsto a juntar 90 metros de bronce.
La razón es, según fuentes de la entidad, una cuestión técnica. «En los estudios de viabilidad que ha realizado el arquitecto se ha decidido que sean 90 metros, por la altura, el peso...», aclaran.
Quizá el estudio de arquitectos ha sopesado que justo debajo de donde se instalará el obelisco está situado el túnel que salva el cruce de Bravo Murillo con La Castellana.
Lo primero que se ha encargado son las piezas de metal que constituyen el monumento, pero las obras sobre la plaza de Castilla no comenzarán hasta los primeros meses de 2008.
Acero, hormigón y bronce
Con las nuevas dimensiones, el obelisco pesará menos pero no superará los rascacielos de Chamartín, como estaba previsto, aunque, eso sí, seguirá manteniendo su filosofía de pretender alcanzar el cielo: «Se trata de un obelisco móvil que participa de la masculinidad de la verticalidad y de la delicadeza y el movimiento de la feminidad», según la descripción que realizó su propio autor el día de la presentación del proyecto.
El nuevo faro del Norte de Madrid será construido en hormigón la base, en acero el interior y el envoltorio geométrico que le dará un dibujo característico, en bronce.
La adjudicación se ha producido después de que se realizara un estudio por parte de la oficina técnica de la Fundación Caja Madrid y se invitara a participar en un concurso a una serie de empresas especializadas que presentaron sus diferentes ofertas.
La entidad financiera insiste en que no ha habido un retraso en toda esta tramitación sino que Santiago Calatrava tenía que hacer el proyecto definitivo, que se presentó en el primer semestre de 2007, y justo después, se convocó el concurso que se adjudicó ayer.
Aunque el presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, no ha querido desvelar el coste del obelisco en ninguna de sus apariciones por este proyecto, alegando que se trataba de «un regalo y no es de buen gusto decir su precio», fuentes próximas al Consejo de la entidad aseguraron que la factura total de la obra será de unos seis millones de euros (1.000 millones de las antiguas pesetas).
El diseño establece que en el tubo central de la escultura se vayan montando los anillos (en un principio iban a ser 12 pero ahora serán nueve) con una distancia de 10 metros entre sí. Sobre ellos, se colocarán placas de bronce articuladas en el punto de conexión con los anillos para permitir que giren alrededor del tubo central, de forma descompensada. La intención es crear un juego de luces y sombras, de movimiento constante en los 90 metros de altura.
Esta obra será única en la capital pero tiene sus antecedentes. Calatrava ha reconocido que El Obelisco de la Caja está inspirado en la Columna sin Fin de Constantin Bracunsi, situada en un parque público de Rumanía.
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