Crisis de sistema, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia
Jordi Pujol dio en el clavo cuando, la semana pasada, enmarcó el malestar catalán dentro de una crisis de confianza en el sistema. La prueba más escandalosa de esta crisis es el triste papel que tiene actualmente el Tribunal Constitucional, una institución que pierde autoridad y prestigio a una velocidad de vértigo. Pero la crisis del sistema no se queda sólo en las altas instancias, acaba filtrando y llega hasta la calle a través de los medios. Así, por ejemplo, Antena 3 emitió un programa de debate que se convirtió en un juicio sumarísimo, plagado de falsedades y demagogias, contra los catalanes. Así, por ejemplo, un tal Joaquín Sabina se permite declarar, creyéndose gracioso, que "los catalanes se inventaron el amor para no tener que pagar por follar". Todo el mundo se apunta al deporte más fácil. Y, como señaló muy bien Pujol, "hace tiempo que no nos defiende nadie".
La tesis del ex president de la Generalitat es dura, pero irrefutable: el sistema no es lo bastante leal con los catalanes, a pesar de la responsabilidad colectiva demostrada por Catalunya desde la muerte de Franco. Una responsabilidad, a menudo, muy mal correspondida. El mismo Pujol gusta de recordar un hecho histórico: pocas horas después de la intentona golpista del 23 de febrero de 1981, los partidos democráticos presentes en las Cortes se reunieron con el Rey, salvo CiU y el PNV, que no fueron llamados a esa cita tan relevante. El cierre oficial de la transición que significó el ascenso al poder de Aznar en 1996 - con el apoyo de Pujol- convirtió algunas piezas del sistema en elementos sacralizados, empezando por la Constitución de 1978. A partir del segundo mandato de Aznar, el de la mayoría absoluta, el sistema buscó blindarse y recuperar espacios cedidos en las décadas anteriores. Ahí seguimos.
El sistema tiene muchos brazos e intensidades, pero una sola inercia: restar fuerza a la diferencia catalana, siempre percibida como anomalía entorpecedora de la gobernación española. Ello puede pasar por decisiones sonadas, como la de Aena sobre el futuro del aeropuerto de El Prat, o decisiones tomadas en silencio, como la activación de la Comisión Delegada del Gobierno para Política Autonómica, "para posibilitar un desarrollo armónico", en palabras de la ministra Elena Salgado. Por otro lado, dado que en Madrid nos tienen las medidas muy bien cogidas, cierta apelación a la estética siempre va bien para distraer el ánimo, verbigracia lo de encargar a Ricardo Bofill la terminal satélite para que estemos contentos. El sistema, a veces, también opta por generar el conflicto inopinadamente, con dilaciones y excusas incomprensibles, caso del aplazamiento de la entrega de los papeles de Salamanca. Lo importante es que la inercia no se pare. Y que nadie pueda acusar al inquilino de la Moncloa de dar demasiado a Catalunya.
Si los catalanes estamos condenados a ser españoles de segunda, que nadie espere milagros el próximo viernes.


jose400 dijo
cómo es posible tanta chorrada?
Se sigue liando con las metáforas
12 Octubre 2007 | 05:56 PM