INMOBILIARIO
El viejo sueño de los promotores españoles de convertir la costa española en una pequeña Florida, como la jubilación de los europeos, principalmente de los británicos, empieza a perder fuerza. La compraventa de viviendas de segunda residencia se ha frenado en seco en todo el arco Mediterráneo. "Existe una crisis importante en la costa, ya que no se vende absolutamente nada", apunta Fernando López Clemente, director general de Sanyres Mediterráneo.
Esta opinión es compartida por Manuel Gandarias, presidente de Live in Spain, asociación que acoge a 38 inmobiliarias que se agruparon hace años para promocionar la venta de viviendas en el exterior. "Los precios han subido más de un 100% en los últimos diez años, lo que está haciendo que los inversores se vayan a Marruecos o Europa del Este", explica Gandarias. Este experto señala que el mercado vacacional se encuentra en situación "de caída libre" por varios motivos. Entre ellos, cita "la reducción de la rentabilidad, la subida de tipos de interés, pero, sobre todo, la espectacular subida de precios de la vivienda vacacional". Algunos promotores se quejan del ruido mediático en la prensa británica en perjuicio de la imagen del sector español, pero habría que quitarle importancia, ya que la clave está - según Gandarias- "en seguir ofreciendo calidad y servicios", ya que España sigue gozando de un clima excelente, buenas infraestructuras y servicios sanitarios óptimos.
De forma paradójica, la venta de viviendas vacacionales sigue cayendo, pero el censo de británicos se incrementa. A junio de este año, hay 186.560 británicos censados, según el Registro Central de Extranjeros de Interior frente a los 175.870, que había a 31 de diciembre del 2006. Esto puede significar que optan por el alquiler, que les resulta más rentable, y no se enganchan a un préstamos hipotecario para el resto de sus días.
El último informe de vivienda vacacional elaborado por el Grupo i, presentado el pasado junio, recoge que los británicos siempre han protagonizado la mayor demanda extranjera, un 33%; seguidos de los alemanes, un 24%, y los franceses, un 7%. Sin embargo, este estudio recoge, por ejemplo, que en el 2011, la presencia de británicos caerá un 1%, hasta un 32%, mientras que la de los irlandeses descenderá un 3%, de igual forma que la de los portugueses, que se quedará en el 2% (véase el recuadro).
López Clemente defiende que los extranjeros siempre se han fijado como precio máximo para adquirir una vivienda próxima al mar en España 250.000 euros. Hoy, los precios en la costa están por las nubes: una vivienda vacacional de tipo unifamiliar tiene un precio medio de 443.511 euros. Con estos precios, se pregunta Gandarias, "¿estamos invitando o echando a los extranjeros?".
A los promotores se les preguntó en este informe sobre el futuro del mercado de vivienda vacacional y el 80% considera "que los ritmos de venta han ido a peor o mucho peor en el último año". Así, este evolución se situó en el 2004 en un 8,7%, que se redujo al 5,5% en el 2005 y en el 2006 se ha situado en un 4,9%. Por ello, los plazos para vender vivienda vacacional se alargan de forma desorbitada. Alcanzaban entre 20 y 22 meses antes del verano, pero antes de Navidad, nadie se plantea comprar piso en la costa, así que estos plazos han pasado a ser infinitos.

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